Hoy es el Día Internacional del Derecho a la Verdad, una fecha dedicada a rendir tributo a los activistas de las garantías universales de las personas, la importancia del derecho a la verdad y la justicia, pero sobre todo, a mantener viva la memoria de las víctimas de violaciones graves y sistemáticas de los derechos humanos.

Es también fecha para homenajear a quienes han perdido su vida en ese empeño, como monseñor Óscar Arnulfo Romero, salvadoreño que consagró su vida a la lucha por los derechos humanos en su país, promoviendo la dignidad humana, defendiendo, protegiendo y denunciando, hasta que fue asesinado precisamente un 24 de marzo de 1980, mientras celebraba misa en la capilla del Hospital Divina Providencia en San Salvador.

De ahí que monseñor Romero sea el símbolo de esta conmemoración proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas, el 21 de diciembre de 2010: es el Día Internacional del Derecho a la Verdad en relación con Violaciones Graves de los Derechos Humanos y de la Dignidad de las Víctimas, un intento más para combatir la impunidad.

Hablar de verdad es hablar de libertad y de justicia. Cuando falta la primera, la segunda y la tercera se convierten en utopías sociales, en deudas históricas que más pronto o más tarde, gestan en ansias de lucha irreversibles.

Recientemente, la Corte Interamericana de los Derechos Humanos presentó un informe sobre la evaluación que hizo de México. La impunidad fue uno de los delitos más lacerantes expuestos en este domingo que evidenció las grandes fallas del gobierno mexicano y cómo el reclamo de la verdad, es una constante que no varía en las distintas voces que se alzan y exigen justicia para sus víctimas, para los mexicanos en general.

Cierto, sólo el ejercicio efectivo de la verdad permitirá combatir de manera efectiva la impunidad en México y en todas esas naciones donde la violación a las garantías individuales es una vergonzosa constante.

La Comisión Nacional de Derechos Humanos se ha pronunciado sobre el tema, y ha remarcado que, mediante el derecho a la verdad, se busca la reconstrucción y reivindicación de la memoria de las miles de personas que han desaparecido, así como restaurar su dignidad, con el fin de lograr que las heridas producto de la violencia y el conflicto social vivido puedan cerrarse.

Mientras persista la impunidad, será imposible saber lo que efectivamente sucedió a una u otra persona, a un conjunto de ellas o un colectivo, o incluso a una sociedad en la cual se cometieron violaciones a los derechos humanos, y a partir de ello, conocer las causas de la violencia, identificar e investigar las circunstancias para fincar responsabilidades, proponer una política de reparaciones y evitar, a fin de cuentas, que hechos similares se repitan.

El derecho a la verdad esclarece, abona a la reparación de los daños, obliga a las autoridades a cumplir con su responsabilidad, pero también, es un medio para alcanzar la reconciliación entre sociedad e instituciones, necesario en un país donde la especulación y la desinformación cobra cada vez más fuerza y arraigo, y donde hasta el desaliento social es politizado por aquellos que buscan por todos los medios, ostentar el poder.