Instituto Weizmann de Ciencias de Israel
Cada mes de abril, desde 1996, la mayoría de los habitantes de México adelantamos una hora nuestro reloj, que causa efectos en nuestro organismo que van de leves a graves, según la edad, el estado de salud y capacidad de adaptación de las personas.
Cada año también las autoridades tratan de convencer de que el cambio de horario representa beneficios económicos; por ejemplo, el Fideicomiso para el Ahorro de Energía Eléctrica considera que el año pasado se ahorraron mil 470 millones de pesos. Cierto o no, lo real es que los cambios de horario también causan trastornos a nuestras bacterias.
Nuestra enorme vida interior
Es probable que en la mayoría de las personas adelantar una hora el reloj no modifique en mucho las funciones del organismo, pero el director de la Clínica de Trastornos del Sueño, de la Facultad de Medicina de la UNAM, Ulises Jiménez Correa, ha señalado que quienes sufren alteraciones del sueño no se adaptan al cambio de horario.
Se sabe que quienes cruzan varios husos horarios sufren alteraciones que se conocen como jet lag, las cuales consisten principalmente en fatiga, irritabilidad, apatía, confusión en la toma de decisiones y problemas digestivos como vómitos y diarreas.
Asimismo, los trabajadores sujetos a cambios frecuentes de turnos o que laboran de noche, también sufren trastornos en su organismo, que se traducen principalmente en obesidad, diabetes, cáncer, padecimientos cardiovasculares y propensión a tener infecciones.
En esas condiciones, un grupo de científicos se propuso investigar si las bacterias que viven en los intestinos de los animales superiores también sufren los cambios de horario, aunque no se guíen por la sucesión de periodos de luz y oscuridad.
No se trata de un trabajo ocioso o curioso, sino de un estudio muy serio, ya que debe tomarse en cuenta que únicamente la décima parte de las células del organismo son humanas, el resto son bacterianas; dicho en otras palabras, diariamente viven con nosotros cien billones (cien millones de millones) de bacterias, las cuales permiten que realicemos nuestras funciones vitales.
Esa enorme vida interior (microbiota) la estudian los científicos porque es sumamente importante ─y vital─ conocer el microbioma (identificación del material genético de las bacterias que normalmente pueblan nuestro cuerpo) para entender mejor nuestro funcionamiento, ya que se conoce que la microbiota intestinal influye en la digestión, el metabolismo, el sistema inmune y hasta en la conducta humana.
El reloj de las bacterias y humanos
Eran Elinav, del Instituto Weizmann de Ciencias, de Israel, encabezó un grupo de investigadores que estudiaron las bacterias intestinales de ratones para identificar sus fluctuaciones rítmicas normales. Posteriormente, Elinav y colaboradores sometieron a los ratones a ciclos de seis horas alternados de luz y oscuridad para observar lo que sucedía. Encontraron que 15 por ciento de las bacterias modifica su concentración a lo largo del día, en especial las de los géneros Clostridium, Lactobacillus y Bacteroides; además, se modifican sus funciones biológicas.
A otro grupo de ratones se les causó un jet lag experimental (cambios de ciclos de ocho horas cada tres días durante varias semanas), lo que provocó tanto la disminución de los ritmos de fluctuación de la población bacteriana, como un cambio proporcional de los géneros que componen la microbiota intestinal.
Esos cambios de concentración de las bacterias intestinales y de sus funciones, reciben el nombre de disbiosis intestinal, la cual es producida por el estrés, una dieta desequilibrada y la toma de ciertos medicamentos.
El estudio encabezado por Elinav, publicado en 2014 en la revista Cell (“Transkingdom Control of Microbiota Diurnal Oscillations Promotes Metabolica Homeostasis”), añade otro factor a la disbiosis intestinal: alteraciones del ciclo luz-oscuridad. Pero eso no es todo, esta disbiosis causa alteraciones en el balance metabólico, lo cual puede conducir a obesidad, diabetes, problemas cardiovasculares y algunos tipos de cánceres, entre otros padecimientos.
En ese trabajo se consignan también los cambios de la microbiota intestinal de dos personas que viajaron de Estados Unidos a Israel, en ellos se encontraron alteraciones semejantes a las observadas en los ratones con jet lag experimental, por lo que al parecer los cambios de horario en humanos pueden influir en la aparición de enfermedades metabólicas.
Por supuesto que se requieren más estudios para determinar si el adelanto o retraso de las horas causan disbiosis intestinal en humanos, pero todo parece indicar que así es. Ante los resultados del trabajo de Elinav, no sería ocioso estudiar el efecto del horario de verano en nuestras bacterias intestinales, aunque sólo se trate de una hora.
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f/René Anaya Periodista Científico
