Los tiempos de la sucesión
La sucesión presidencial en México, desde hace muchos años, se ha manejado en función de los términos jurídicos y las condiciones políticas, de tal suerte que, aunque éstos no coincidan, prevalece la realidad impulsada por una sociedad que —muchas ocasiones— se salta las trabas jurídicas para adelantar candidaturas que surgen por circunstancias particulares.
En nuestra historia, el presidente constituía un poder superior y definitorio, era éste quien marcaba los momentos del famoso “destape” y que generalmente trataba de alargar su propio eclipse que se iniciaba con el nacimiento del sol nuevo.
El Partido Nacional Revolucionario (PNR) nace como una construcción que unifica a los grupos que participaron en la Revolución: militares y civiles que se agruparon bajo este partido que promovió el presidente Plutarco Elías Calles; contra lo que se piensa, no fue el partido del presidente, sino del Jefe Máximo que, a sabiendas de que no podía reelegirse —especialmente después de la muerte de Obregón— imponía presidentes, como fue el caso de Pascual Ortiz Rubio, Emilio Portes Gil, Abelardo L. Rodríguez y Lázaro Cárdenas; este último, sin recurrir a la violencia de la sangre, expulsó del país a su mentor Elías Calles y a sus más cercanos colaboradores, para asumir a plenitud el poder político, reestructurando el partido bajo el nombre de Partido de la Revolución Mexicana (PRM); en esta ocasión histórica, el partido —y para siempre— se convirtió en el instituto político que actuaba bajo la absoluta voluntad del presidente en turno, y posteriormente con un nuevo nombre, Partido Revolucionario Institucional (PRI), suprimió el sector militar para establecer las presidencias civiles. Con este criterio unipersonal arribaron al poder Manuel Ávila Camacho, Miguel Alemán, Adolfo Ruiz Cortines, Adolfo López Mateos, Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría, José López Portillo, Miguel de la Madrid, Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo; todos eligieron a su sucesor, aunque el ultimo decidió establecer una “sana distancia” que, a la postre, llevó a la primera derrota presidencial del PRI.
En el periodo panista, Vicente Fox no pudo imponer a su propio candidato —su propia esposa o Santiago Creel—, atravesándose en el camino Felipe Calderón, quien tampoco pudo instalar a su delfín, Ernesto Cordero, y fue nominada por el PAN Josefina Vázquez Mota, quien perdió abrumadoramente la elección, por lo que de nuevo el PRI retomó la presidencia con Enrique Peña Nieto, aun cuando ya no tiene las mismas características del poder absoluto.
Para la próxima elección presidencial ya se abrieron las candidaturas, adelantándose a los tiempos legales, donde abiertamente compite Andrés Manuel López Obrador con su partido Morena, Miguel Ángel Mancera probablemente con el PRD y dentro del PAN la ex primera dama Margarita Zavala, el gobernador poblano Rafael Moreno Valle y el presidente de ese instituto, Ricardo Anaya; además de los independientes como Jaime Rodríguez, el Bronco, y una larga lista de aspirantes.
Hace unos días el secretario de Gobernación, Osorio Chong, pensando en la vieja usanza y respetando el poder presidencial, señaló que no era tiempo para definir las candidaturas, aun cuando en una entrevista el presidente Peña Nieto afirmó que la vieja lógica de la política “del que se mueve no sale en la foto” ha cambiado, lo cual abrió las puertas, la ambición y la inquietud para aspirantes como Luis Videgaray, vinculado estrechamente al manejo de la economía nacional y con prestigio en los medios financieros internacionales; Miguel Osorio Chong, quien maneja muchos de los hilos de la política, además nombra a los delegados federales de todas las dependencias en los estados y maneja la relación con los gobernadores y con el Congreso de la Unión; José Antonio Meade, aunque sin militancia partidaria, ha demostrado ser un funcionario de excepcional eficiencia en su importante trayectoria en la que ha ocupado diversos cargos, entre ellos cuatro secretarías de Estado; se agrega a esta lista, por su cercanía al Ejecutivo, el joven brillante pero poco experimentado Aurelio Nuño, y finalmente el viejo lobo de mar, héroe de mil batallas en la política, Manlio Fabio Beltrones. No hay más.
Hoy por hoy, los tiempos de la sucesión son diferentes porque ha cambiado la estructura del poder y no podemos olvidar la influencia, cada día mayor, de la economía global. Por ello, tenemos que estar con los ojos abiertos en la sucesión presidencial de nuestro vecino del norte, Estados Unidos.
