Marihuana, tras el rotundo fracaso

 

 Concuerdo con la idea de que la política de prohibición de drogas ha sido un rotundo fracaso. La llamada guerra contra las drogas debe terminar, porque sólo ha generado una gran cadena de violencia. En esta materia, la comunidad internacional debe avanzar hacia una política pública de regulación en el consumo de la cannabis y sus derivados.

El presidente de la república, Enrique Peña Nieto, se quedó corto en su participación en la Sesión Especial de la Asamblea de las Naciones Unidas Sobre el Problema Mundial de las Drogas 2016.

Es importante terminar con la criminalización, la marginalización y la estigmatización de las personas que usan drogas pero que no hacen ningún daño a otros. Es importante alentar a los gobiernos a que experimenten con modelos de regulación legal de las drogas, a fin de socavar el poder del crimen organizado y para salvaguardar la salud y la seguridad de sus ciudadanos.

Equivocadamente, el Presidente había cancelado su participación en este importante foro; gracias a la presión social tuvo que cambiar su opinión y asistir. Por desgracia, el primer mandatario fijó sólo la posición de su gobierno y no el estado del debate que existe en México sobre este tema.

Diez propuestas respecto a la responsabilidad compartida, a formar un frente común ante la delincuencia, una mayor coordinación, una alineación de objetivos orientados a la Agenda 2030 de desarrollo sostenible, mayor atención a los daños sociales, fortalecer el enfoque de derechos humanos y de salud pública, el establecimiento de penas proporcionales y un adecuado acceso a las sustancias controladas.

Como ya lo había hecho en ocasiones anteriores, el Presidente afirmó estar de acuerdo en la utilización terapéutica de la marihuana, pero hasta ahí llega. Su posición en la Asamblea de las Naciones Unidas no expresa el contenido de la resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) de hace unos meses, ni las conclusiones alcanzadas en las audiencias públicas del Congreso y, mucho menos, el debate que se ha instalado en varios sectores de la sociedad sobre este tema.

Lo que sí aceptó el Presidente en Naciones Unidas fue que “la adicción a las drogas debe entenderse como mecanismos de prevención y soluciones terapéuticas integrales, no con instrumentos penales, que criminalizan a los consumidores y dañan el desarrollo de su personalidad”.

¿Qué sigue después de la participación del Presidente en Naciones Unidas? ¿Qué tendría que suceder para que esto no sea simple retórica? ¿Cómo transitar de un enfoque de criminalización o uno de regulación y de respetos a los derechos humanos?

Sobre el consumo medicinal o terapéutico de la marihuana existe acuerdo. Sin embargo, limitar a eso la reforma sería un error, sería quedarse por debajo de las expectativas y del debate que se ha instalado en la sociedad.

En primer lugar, el gobierno federal tiene que ampliar su visión y avanzar en la aceptación del consumo lúdico, o “personal” como les gusta llamarlo, de la marihuana en los términos que estableció la SCJN; es decir, como el ejercicio de la libertad del individuo de decidir sobre su persona.

En segundo lugar, tendría que ocurrir un viraje. Por ejemplo, reformas legales que permitieran que los miles de procesados y de detenidos por portación y consumo de marihuana pudieran obtener los beneficios de ley correspondientes y obtener su libertad; o bien, el aumento en el gramaje de portación de marihuana de acuerdo con estándares internacionales.

El gobierno federal tendría que realizar lo siguiente: hacer compatible la Ley General de Salud con las disposiciones declaradas inconstitucionales por la SCJN; reubicar el Tetrahidrocanabidol para permitir su uso médico y su investigación; reformar disposiciones que criminalizan a las y los consumidores; desarrollar un Programa Nacional de Prevención y Tratamiento Especializado para Adolescentes; establecer los lineamientos generales para la implementación de los Mecanismos Alternos de Justicia Terapéutica; permitir el cultivo del cannabis; permitir la apertura de clubes de consumo recreativo; modificar la tabla de Orientación de Dosis Máximas de Consumo Personal e Inmediato y establecer un catálogo de derecho para las personas consumidoras.

El reconocimiento de las personas usuarias de drogas como sujetos plenos de derechos es imprescindible. En la Ley General de Salud debe establecerse un piso mínimo de derechos tanto para las personas usuarias como para las personas con consumo problemático y que requieran de la atención de los servicios y centros públicos o privados para el acceso a los programas de prevención o de atención al consumo.

Si este periodo ordinario de sesiones terminara sin una reforma sobre el consumo de marihuana sería un error. Si sólo se aprobara la regulación para consumo medicinal, el Congreso estaría por debajo de las aspiraciones y demandas de la sociedad.

@MBarbosaMX

Coordinador parlamentario del PRD en el Senado de la República.