Se cumple el centenario del compositor argentino que se ha equiparado al brasileño Heitor Villa-Lobos. Se suele compararlos, porque ambos se valen de la música de sus países. Sin embargo, Ginastera, más a lo Carpentier, acaba por dejarse ganar por la música más moderna de Europa, etapa a la que él mismo titula neoexpresionismo, e incluso se muda a ese continente, donde radica hasta su muerte ocurrida en Ginebra. Sí, fue discípulo de Aaron Copland. (Sí, claro, el de Salón México, pero si bien esa música suena muy mexicana, como que no tiene mucho que ver con el famoso salón de baile. No sé que piense usted). Si su maestro Copland es una celebridad, su discípulo no le va a la zaga, porque es Ástor Piazzola. Por cierto, y se pueden escuchar en internet, Ginastera dedicó un homenaje a Heitor Villa-Lobos y otro a Aaron Copland. Piazzola confesó siempre, aunque el compositor y bandoneonista fue desde su familia un músico culto, que Ginastera fue su maestro. Existen grabaciones con composiciones de ambos artistas.

            En la literatura, Manuel Mujica Lainez, amigo de Leonor Acevedo, la madre de Borges, escribe una extraña (a la que se le agrega siempre el adjetivo de decadente) novela en que se relata la vida de un noble italiano, Pier Francesco Orsini, Duque de Bomarzo. Esta novela, creo que acertadamente, se ha comparado con un tapiz. El mismo Mujica Lainez es el autor del libreto de la ópera homónima de Ginastera: Bomarzo. El castillo de Bomarzo alberga, en Viterbo, unas figuras talladas en roca que se caracterizan por ser fantásticas, mitológicas, absurdas o grotescas. En el libreto, se les llama no parque de los monstruos, como suele llamarse, sino como aparece en la novela: Bosque sagrado. En el libreto, Mujica Lainez, como en la novela, identifica a Pier Francesco Orsini, que es jorobado, con las creaturas de su jardín. Pentasilea, la prostituta, y Julia Farnese, su mujer, son otros personajes. Tal vez valga la pena citar el canto de un joven pastor, acompañado por un arpa, con que se inicia y se cierra la ópera:

No me cambio en mi pobreza

por el Duque de Bomarzo.

Tiene rebaños de rocas

y es de ovejas mi rebaño.

Con lo que es mío me basta

con esta paz de Bomarzo,

la dulce voz del arroyo,

de las cigarras el canto

y la feliz soledad

de Dios, que va por los campos.

El escenario, con frecuencia fantasmal, tiene La boca del infierno, la escultura más representativa del parque de Bomarzo.

            Además de óperas, ballets, piezas para piano, Estancia, de 1941, es tal vez la más escuchada de sus obras. Su Popol Vuh es simplemente hermoso, superior, creo, a Sinfonía india, de Carlos Chávez con quien también se ha comparado. (Sara Rosalía).