El domingo 24 fue un día importante para el país, tanto para los que están al corriente como para los que no de lo que ocurrió y de su importancia, pues tuvo lugar el informe del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI). Este informe desmintió la “historia oficial” que explicaba la desaparición de los 43 estudiantes de la Escuela Normal situada en Ayotzinapa, mostró el mal manejo del caso por parte de las autoridades mexicanas y dejó en claro las trabas que éstas le pusieron a su trabajo. Faltando al más rudimentario protocolo de relaciones internacionales (el GIEI vino a México tras una firma con la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), parte de la Organización de Estados Americanos (OEA) ningún representante del Estado mexicano acudió al informe, insisto: ninguno. Ahora, los expertos deben dejar el país, sabiendo que hay líneas de investigación que deben seguirse, y lanzando la hipótesis de que el quinto camión haya llevado heroína, pues las carreteras para salir del lugar estuvieron cerradas durante varias horas el día de los sucesos. (Informe GIEI en https://drive.google.com/file/d/0B3wuz7S3S9urY2YzdjlrUmpSQTQ/view?pref=2&pli=1).
El informe del GIEI y la ausencia de las autoridades mexicanas en este acto muestran que el gobierno mexicano está cerrado totalmente a una investigación seria y contundente sobre lo que pasó en Iguala. Esto sólo refuerza la “sospecha” de nexos entre sectores muy poderosos en el país: personajes y grupos clave en el gobierno, el ejército, el crimen organizado, todos ligados a una flor que antes adornaba los jardines públicos.
Por otra parte, la manifestación de las mujeres contra la violencia machista que es el pan nuestro de cada día en México, y no sólo en los sectores empobrecidos, mostró una capacidad de convocatoria grande en muchos Estados del país quizá porque se centró en temas de violencia y abusos cotidianos que es necesario visibilizar, dejando de lado otros temas, como por ejemplo el de la trata de personas, relacionado con asociación delictuosa, crimen organizado y más.
Ambas manifestaciones en búsqueda de justicia tuvieron lugar el mismo día, ambas se desligaron una de la otra. Es más comprensible que la gente del GIEI no tuviera injerencia en este tema, y ni siquiera el tiempo de plantearse si sí o no debían manifestar solidaridad con las mujeres, pues vinieron a México a atender un caso grave de violación a Derechos Humanos, y el tiempo se les vino encima (si entendí bien, sólo una semana antes el gobierno les entregó documentos que solicitaron hace varios meses). Por mi parte, hubiera deseado, soñado, esperado que en sus más que legítimas manifestaciones las mujeres, víctimas de un sistema machista, se hubieran solidarizado con los 43 normalistas de Ayotzinapa, iconos del terror que siembran los poderes fácticos que gobiernan el país y víctimas del sistema. Pero, hasta dónde sé no hubo una manifestación de solidaridad entre víctimas. Por el contrario, es de lamentar que, según me contó Jonathan Chalico un pequeño grupo de mujeres se detuvo en el “no-monumento” a los 43, y mientras una de ellas arengaba, otras cuatro se dirigieron a grafitear el no-monumento (sólo lograron pintar algunas letras), mientras Chalico y otros se interpusieron, por lo que las mujeres los golpearon en la cara y en el abdomen diciendo que eran más de 43 hasta que la marea de la marcha las alejó de ahí.
Cierro con la reflexión que Tania Campos subió en Fb desde el muro de Errico Malatesta: “Como si una lucha fuera incompatible con la otra. Como si una reivindicación tuviera que ser excluyente de la otra. Como si una brutalidad no fuera reflejo y complemento de la otra brutalidad y viceversa. Como si la rabia ante una no cupiera en la rabia contra la otra. Como si se tratara de cada quién su rabia y no veas las que no son tuyas”.
Además, opino que se respeten los Acuerdos de San Andrés, que se respete la Ley de Víctimas, que se investigue seriamente el caso de Ayotzinapa, que el pueblo trabajemos por un Nuevo Constituyente, que Aristegui y su equipo recuperen su espacio radiofónico.
