Nuestro país continúa herido

En alguna parte del camino México comenzó a sufrir el virus de la violencia en diferentes rubros, la inseguridad se disparó como arma de fuego y las secuelas se padecen en el diario vivir, las crónicas cotidianas así lo describen, las narraciones destilan pavor.

Los gobiernos pretenden atenuar o disminuir los efectos, sólo que no lo hacen con otros diseños de combate al crimen sino con discursos, regularmente dicen que una cosa son los datos duros con toda la numeralia alrededor del tema, argumentan que todo se ha maximizado por un asunto de percepción.

Diversos estados del país son un verdadero muestrario de los alcances del crimen organizado que ha crecido por la permisividad de las autoridades, no hay otra explicación. Tamaulipas, Michoacán y Jalisco son ejemplos de cómo se puede minar el tejido social.

La violencia no sólo se manifiesta por los estragos del crimen organizado, los narcocorridos que convierten a los hampones en adalides de la posmodernidad, en la sugerencia brutal de feminicidios que son parte de un rompecabezas absurdo.

La violencia contra la mujer se incrementa, aún están frescas en la memoria las asesinadas en Ciudad Juárez o las estadísticas escalofriantes en el Estado de México, como suele suceder en nuestro país la impunidad es un problema sistémico.

El fin de semana anterior se realizaron diversas actividades contra la violencia de género, que es una toma de posición tan legítima como necesaria en la era del horror, marchas, pronunciamientos y activismo ante un panorama preocupante, en una etapa en que la violación a los derechos humanos ha sido peligrosa constante.

La inseguridad impide cumplir con las metas que sugiere la gobernabilidad, todo ello engendra dificultades mayores que detonan en el desdén a los actores políticos tradicionales que comparten y reparten el desprestigio ganado por sus falencias.

El caso de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa es un expediente tortuoso que retrata la garra de la delincuencia, la inoperancia del gobierno y la ausencia de justicia.

Días difíciles por diversos rumbos, en tanto el sábado anterior fue el Día Mundial del Libro, ese instrumento tan desdeñado por nuestra clase política, aniversarios luctuosos de dos lumbreras de las letras: Miguel de Cervantes Saavedra y William Shakespeare; referencias vigentes de las lenguas española e inglesa, respectivamente.

El fomento cultural es un tema que no forma parte fehaciente de las políticas públicas, el país arde en llamas como un infierno pero no hay espacio para recuperar las plazas a través del palpitar artístico. Nadie da lo que no tiene.

Mientras eso sucede, los traficantes de muerte se empoderan, los gobernantes codiciosos abundan y nuestro país continúa herido; en puerta elecciones precedidas de las trampas, guerras sucias y toda suerte de malas artes paridas por la partidocracia que camina al declive, huérfana de propuestas serias y abundante de frivolidad.

Bien dijo Fernando del Paso que México es un país en decadencia por mucho gobernante inepto y por la profunda abulia y el escepticismo del pueblo.