El martes 22 de marzo un par de explosiones en el aeropuerto y una más en el metro de Bruselas, tiñeron de sangre y muerte al centro político de la Unión Europea. El viernes 25, durante la entrega de trofeos de un torneo amateur de futbol en un pequeño estadio de la localidad de Alexandría, al sur de Bagdad, un terrorista detonó el cinturón de explosivos que traía puesto, causó la muerte de más de 30 personas y dejó heridas a otras 84, la mayoría jóvenes que participaban y atestiguaban el evento.
Ambos atentados fueron reivindicados por el Estado Islámico, el grupo terrorista que ha puesto en jaque a Europa y a Medio Oriente durante los últimos cinco años. Este grupo es, por mucho, la mayor amenaza extendida en varios países y ha demostrado ser extremadamente letal y difícil de desarticular, ya que es capaz de actuar en abierta guerra con toma y control de diversas ciudades, así como a través de células terroristas extendidas en múltiples naciones.
El viernes previo a las explosiones del martes en Bruselas, la policía detuvo en un barrio de inmigrantes árabes a un terrorista franco belga que participó activamente en los atentados en París de noviembre del año pasado, responsable de la fallida explosión a las afueras del estadio de Francia, que pudo haber hecho aún más dramático y mortal aquellos eventos terroristas.
El hecho mismo de la detención del terrorista franco belga activó la alerta por posibles represalias inmediatas; ahora sabemos que la policía de Grecia envió a las autoridades belgas con anterioridad a los hechos, información precisa de la planificación de un atentado en el aeropuerto de Bruselas. La información obtenida en Grecia tras el cateo del departamento en el que pasó un tiempo Abdelhamid Abaaoud, el presunto coordinador de los atentados de París de noviembre pasado, no evitó el atentado de los terroristas.
El rastreo de toda información e interconexión posible constituye un elemento fundamental en la investigación de la operación y conexiones de las células yihaidistas ubicadas en Europa central y el resto del mundo. Planificado con anterioridad, las explosiones del metro y aeropuerto de Bruselas quizá sólo fueron adelantados debido al rastreo y detención del otro terrorista vinculado con los hechos de París. El tema es que la vulnerabilidad es real y las medidas preventivas no han sido suficientes. Europa, el norte de África, el cercano y medio Oriente experimentan un conjunto de problemas políticos, militares, sociales, económicos, de salud pública y otros más, que hacen sumamente complejo la contención y prevención de las amenazas terroristas.
El frente armado del Estado Islámico que ocupa posiciones en Irak y Siria se encuentra ahora más limitado en recursos económicos que hace seis meses, replegados a posiciones cada vez más difíciles de defender, pero no por ello incapacitados para cometer atrocidades como la realizada en Irak contra autoridades civiles y policías, pero también y, sobre todo, contra jóvenes y niños inocentes.
Irak se encuentra en plenas operaciones militares para liberar la provincia de Nínive, cuya capital Mosul es un bastión del Estado Islámico. Aunado a eso, los Estados Unidos han confirmado el asesinato del segundo dirigente más importante del EI, conocido como Haji Iman, un ex miembro de Al Qaeda, lo que muestra que poco a poco se cumplen los objetivos de liquidar a la cúpula del ISIS por parte del gobierno de Barack Obama.
En medio de todo esto se encuentran las personas, hombres, mujeres, jóvenes, ancianos, niñas y niños que padecen la guerra y el terror, miles de ellos en carne propia como desplazados, migrantes y refugiados que hacen un peregrinar interminable por Europa. El horror y el terror deben ser resueltos con el mayor consenso posible de los actores internacionales involucrados para no seguir lamentando, como ahora, tantas muertes inocentes.
*VICEPRESIDENTE DEL SENADO DE LA REPÚBLICA
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