Panama Papers abona su estrategia

Los bombazos mediáticos que están sacudiendo el ambiente político, económico y social de nuestro país relegan noticias de la actividad electoral y se centran en los caos de más impacto social, políticos y económicos.

En una medida conservadora dentro de los parámetros universales de la permanencia de una nota periodística como información con seguimiento de punta, en nuestro país el escándalo ocasionado por la lista de los mexicanos mencionados en el registro negro de los Panama Papers se mantendrá como principal tema de la agenda nacional cuando menos una semana más.

Es decir que, junto con la catástrofe del programa Hoy no Circula y otros asuntos de alto impacto mediático, ocupará los principales en los medios de comunicación cuando menos la cuarta parte de las escasas ocho semanas que tienen los candidatos a gobernadores para realizar sus campañas.

El golpe de Carmen Aristegui a la familia Peña-Rivera y al secretario de Hacienda, Luis Videgaray, a través de la aparición de su financiero inmobiliario, Armando Hinojosa, en la lista negra de los Panama Papers fue preciso y contundente.

A la periodista, que dejó con su video sobre el caso en tesitura de segundón al semanario Proceso, no le importan los muy importantes nombres inscritos en ese registro del diablo como el de Vladimir Putin o Leonel Messi o el presidente argentino Mauricio Macri. La obsesión de Aristegui es tumbar a Peña Nieto como presidente de México.

Para Aristegui, la exhibición del dueño del grupo Higa como probable evasor de cien millones de dólares, vía la compañía panameña Mossak-Fonseca, es el target de su tarea reproductora de la investigación realizada por los periodistas del colectivo Centro para la Integridad Pública, radicado en Washington.

Armando Hinojosa y su aparición en la lista negra de los Panama Papers refrescan y reviven para los fines personales de Aristegui los casos de la casa blanca y la del club de golf de Malinalco. Y otra vez afloran sus obsesiones antipeñistas por encima de la ética y el profesionalismo periodístico.

Ni ella ha dicho, por obligación ética, que no formó parte de la investigación; y, por el contrario, su amenazador video colgándose del trabajo de investigación del Centro para la Integridad Pública refleja que sigue perdiendo en sus resentimientos la objetividad a la que está obligado cualquier comunicador que se precie de ser sólo eso, un comunicador y no un juez político.

Porque es pertinente aclarar que Aristegui recibió la información del colectivo al que está suscrita, pero no realizó ninguna parte de la investigación de los Panama Papers.

Y para mal fario del régimen, los escándalos de moda hacen un buen caldo de cultivo a la estrategia antipeñista de Aristegui.

Por ejemplo, la espantosa manera, fuera de todo protocolo diplomático, en la que corrieron de la embajada de Washington a Miguel Basañez, exsecretario particular de Alfredo del Mazo González; o el escándalo del hacker colombiano que trabajó para el pillo de J. J. Rendón en la campaña presidencial de Peña Nieto; o las disputas de la hija del Chapo y la defensa de Lucero Sánchez que, al parecer, camina bien, tiene al discurso del gobierno prácticamente en el limbo.

Pero así es la velocidad de la noticia y la capacidad de consumo que tienen las audiencias.

Las historias ocultas de la difusión de los Panama Papers estarán muy pronto en conocimiento de la opinión pública.

Un comunicador zorruno como Eduardo Sánchez, aliado estratégicamente a los servicios de inteligencia que tiene a su disposición el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, seguramente están esperando datos duros de la filtración y el sentido de la difusión que ella tuvo en México.

Y estarán también aguardando los tiempos propicios para responder.

Porque los que hasta ahora han tratado de deslindarse del escándalo Panama Papers con simples declaraciones o desmentidos, de ninguna manera representan la respuesta gubernamental sobre el caso.

Lo que digan personajes impresentables como el hijo de Miguel Ángel Yunes, los tenebrosos casineros Rodríguez Boglio, aliados de Martín Díaz y Amado Yánez en el caso Oceanografía, el exdirector de Pemex Emilio Lozoya o los tristemente célebres Armando Hinojosa Cantú y su paisano Ramiro Garza Cantú, no son más que gemas, diría la gran periodista Martha Anaya, del cinismo que genera la impunidad galopante que se vive en México.