La cultura de lo fácil y el no esfuerzo se refleja claramente en la industria de la belleza. En México, persiste el auge de los establecimientos dedicados a la prestación de la cirugía estética. Cientos, miles de mujeres y hombres prefieren el cómodo camino del bisturí y los rellenos a las extenuantes jornadas de ejercicio y las dramáticas dietas.
La cirugía estética sin embargo, es uno de los servicios más caros de la medicina, sobre todo cuando ésta es opcional y no obligada por accidentes u otros problemas de salud.
Desafortunadamente, las altas tarifas propician la aparición de clínicas o consultorios “clandestinos” y “patitos”. Para nadie es un secreto que estos establecimientos situados en la frontera norte de México, son adorados por jovencitas y mujeres maduras procedentes de Estados Unidos, principalmente.
Arreglarse la nariz o aumentarse el trasero y el pecho, es mucho más barato en tierras mexicanas que en las propias, qué importa que el “cirujano” tenga la especialidad en odontología, al final, todos son médicos.
En el último corte de caja que entregó la Cofepris sobre las revisiones a los establecimientos dedicados a la prestación de servicios de cirugía estética, a través de comercios o locales privados, con fecha del 15 de marzo del año en curso, se pudo conocer que fueron revisadas mil 965 clínicas; se confirmaron irregularidades en 306 y se suspendieron actividades en otras 222.
Las clínicas con irregularidades y sanciones, se ubican en la Ciudad de México, el Estado de México, Oaxaca, Hidalgo, Querétaro, Aguascalientes, Coahuila, Chihuahua, Morelos, San Luis Potosí, Sinaloa, Tabasco, Quintana Roo, Jalisco, Nuevo León, Durango, Guerrero, Colima, Baja California Norte, Baja California Sur, Nayarit, Campeche, Puebla, Guanajuato, Yucatán, Zacatecas y Tamaulipas.
Pero hubo seis entidades, Ciudad de México, Estado de México, Baja California Norte, Jalisco, Nuevo León, y Quintana Roo, que agruparon el mayor porcentaje de la lista.
Se pudo conocer que estos lugares ofrecen servicios como abdominoplastías (remodelación y reafirmación de abdomen); blefaroplastias (cirugía de rejuvenecimiento de párpados y resección de piel); implantes de busto o mamoplastía de aumento; mamoplastía reductiva; mastopexia (elevación o remodelación de busto); dermolipectomía circular o “body lifting”; peeling; lipoescultura; liposucción; inyección de materiales de relleno, y reducción acelerada de peso, muchas veces sin contar con la certificación y los médicos debidamente preparados.
Muchas de esas “clínicas” irregulares no cuentan con autorización sanitaria para prestar los servicios que promocionan; o bien, operan en condiciones sanitarias inadecuadas. Es recurrente que el personal no sea profesional de la salud (carecen de estudios con validez oficial y de cédula profesional); o bien, que los cirujanos plásticos no cuentan con certificados y/o recertificaciones de especialidad para realizar este tipo de cirugías.
Además, según el reporte, les falta de aviso de funcionamiento o licencia sanitaria, distribuyen medicamentos con fecha de caducidad vencida, su equipo médico no tiene registro sanitario, no tienen quirófanos y carecen de documentos.
A pesar del riesgo para la salud, mujeres y hombres prefieren acudir a estos establecimientos que suelen ofertar sus productos por internet, periódicos, volantes, mantas en domicilios, revistas de renombre, donde el gancho es el bajo precio y el servicio ambulatorio, es decir, no se interna a los pacientes, lo que abona a menos gastos.
