Hasta hace un año, el consumo de alcohol en México superaba los 18 millones de cajas anualmente y de ellos, cerca de la mitad se trata de alcohol adulterado; es decir, que no cumple con las normas sanitarias de ley.

A pesar de ello, ni las autoridades sanitarias ni de la Procuraduría Federal del Consumidor han logrado ejercer un control adecuado sobre el problema. Hoy en día, la venta de alcohol adulterado es una realidad y más aún en los centros nocturnos, bares, cantinas y todos esos establecimientos que continuamente retan a la ley con sus actividades poco “respetables”.

Hoy día, de acuerdo a la Organización Panamericana de la Salud, México ocupa el séptimo lugar a nivel internacional en número de decesos por accidentes asociados al alcohol, con más de 24 mil personas muertas, cada año, en este tipo de incidentes.

Hasta el año pasado, según publicaciones de la OPS, del jueves al sábado por la noche, se movilizaban más de 200 mil conductores con niveles excesivos de alcohol. La situación es pues, más que preocupante.

De ahí que el gobierno federal gritara y presumiera a los cuatro vientos el aseguramiento que logró hace unos días del que es el segundo mayor decomiso en lo que va de la actual administración.

Destaca en este operativo la intervención del Servicio de Administración Tributaria, SAT, de la Secretaría de Hacienda y Crédito Públicos, que con la Cofepris, aseguraron un millón 70 mil litros de alcohol adulterado o irregular en la empresa Tequila Embajador situada en Atotonilco el Alto, en Jalisco.

La empresa tequilera fue cerrada de inmediato luego de que los trabajos y servicios que ofrece, fueran calificados como deficientes por las condiciones sanitarias registradas en los procesos de producción, la falta de trazabilidad de insumos y la carencia de documentación legal. 

La Secretaría de Salud informó en su momento que las medidas de seguridad aplicadas, incluyeron el aseguramiento de 980 mil 399 litros de producto a granel en tanques y en botellas sin etiqueta; 34 mil 676.7 litros de producto terminado en cajas y etiquetado principalmente de las marcas El Embajador y El General; así como 55 mil litros estimados de producto en proceso, troceado, molienda, fermentación y destilación.

Cualquier persona que guste consumir alguna de las marcas de los tequilas involucrados, debe saber que estos productos fueron elaborados en condiciones sanitarias muy dudosas; por ejemplo, los inspectores encontraron una plataforma sobre las tinas de recepción de jugo y uno de los tanques de fermentación, las cuales no tienen protección; además, se encontraron canaletas sin protección y con acumulación de suciedad, evidencia de consumo de alimentos en las áreas de proceso y falta de limpieza en el área de fermentación, con presencia de materiales en desuso, incluyendo una motocicleta.

También identificaron la presencia de una bolsa abierta con detergente y un envase conteniendo un líquido con olor a desinfectante sobre las barricas; hay falta de mantenimiento en paredes y presencia de claros, ventanas sin protección en diferentes áreas; la empresa no cuenta con una separación física entre las áreas de fermentación y destilación del resto de los espacios del lugar, ni tiene identificación y delimitación de áreas, de tal forma que el material de empaque, productos químicos y envases se encontraban en un mismo sitio.

Y, la cereza en el pastel, fue conocer que los tequilas El Embajador y El General son “adicionados” con moscos en zonas de fermentación y destilado, debido al deficiente control de plagas, evidente falta de orden y limpieza en las instalaciones, entre otros puntos negativos. Eso es lo que se venía comercializando y consumiendo.