Puede ser clave para nuestra vida
Hace 66 millones de años, en menos de diez segundos el impacto de un meteorito generó una serie de fenómenos que causó la extinción de buena parte de las especies, entre ellas los ammonites y los belemnites (moluscos cefalópodos) y los dinosaurios. Hoy, científicos de 12 países estudian el cráter que dejó el meteorito.
Desde el 8 de abril pasado, en el Golfo de México, a 30 kilómetros de la costa de Yucatán, científicos de la Misión 364 del Consorcio Europeo para la Exploración y Perforación del Océano (ECORD, por sus siglas en inglés) comenzaron la perforación del fondo marino para obtener por primera vez muestras del área marina del cráter Chicxulub.
El impacto que cambió la vida
La concurrencia de acontecimientos, afortunados para nuestra especie, provocó el choque de un enorme meteorito en la Tierra hace 66 millones de años, en la región sur del Golfo de México, que en ese tiempo estaba en formación. El meteorito se impactó en una plataforma sumergida, que permitió la generación de tsunamis de grandes proporciones, de unos 150 a 300 metros, que penetraron cientos de kilómetros tierra adentro.
El centro del cráter se encuentra en la línea costera de Chicxulub Puerto, cubre la mayor parte del estado de Yucatán y una buena proporción de la superficie marina, según refiere el artículo “El cráter de impacto Chicxulub y el límite cretácico/paleógeno”, de Jaime Urrutia Fucugauchi y Ligia Pérez Cruz, del Instituto de Geofísica de la UNAM, publicado el 1 de junio de 2015 en la Revista Digital Universitaria de la UNAM.
Jaime Urrutia, presidente de la Academia Mexicana de Ciencias, y Ligia Pérez Cruz consideran que el impacto de Chicxulub fue el mayor que se haya documentado en los últimos 600 millones de años. “Los efectos del impacto —apuntan— produjeron efectos en el sistema climático y ambiente a nivel global que afectaron los sistemas de soporte de vida en el planeta […] que ocasionaron la extinción de organismos, de alrededor del 75% de las especies, marcando el final de la era Mesozoica”.
El fin de esa era marcó también la extinción de los dinosaurios y la evolución de los mamíferos, los cuales pudieron adaptarse a los cambios que sufrió el planeta, ya que si bien es cierto que pequeñas especies de mamíferos ya coexistían con los dinosaurios, también lo es que no podían competir con ellos por el dominio del planeta. Cuando los dinosaurios desparecieron, los mamíferos ocuparon ese nicho ecológico y evolucionaron hasta el surgimiento de los primates y los humanos. Así que el impacto Chicxulub es clave para nuestra vida.
Una investigación profunda
El cráter, de unos 200 kilómetros de diámetro, cuenta con anillos de pico formados por elevaciones semicirculares que semejan cadenas montañosas, como los tienen los cráteres grandes de cuerpos planetarios, pero no se sabe cómo se forman.
En búsqueda de una mejor comprensión de ése y otros fenómenos, treinta científicos de México, Estados Unidos, Japón, Australia, Canadá, China, Nueva Zelanda, Inglaterra, Francia, Alemania y otros tres países europeos, coordinados por ECORD, han comenzado la Misión 364 con el objetivo de contestar preguntas sobre tres temas, como se refiere en su página de internet:
Formación del anillo de picos. ¿Cuál es la naturaleza de las rocas que forman el anillo de picos?, ¿cuál es la cinemática y dinámica de la formación del anillo de picos?, ¿qué mecanismo de debilitamiento de rocas controla la formación del cráter?
Habitabilidad. ¿Hubo intensa actividad hidrotermal en las rocas que formaron el anillo de picos?, de ser así ¿cuánto tiempo duró esta actividad?, ¿qué tipo de vida microbiana colonizó el anillo de picos?, ¿su origen estuvo relacionada con el sistema hidrotermal posterior al impacto?
Recuperación de la vida. Después del impacto, ¿cuánto tiempo tomó la recuperación de la vida en los océanos?, ¿la biodiversidad se restableció gradualmente?, ¿cómo se afectaron los diversos ecosistemas?, ¿los grupos de organismos retornaron simultáneamente una vez que el medio ambiente se estabilizó?
Ésas y otras preguntas tratarán de responder los científicos cuando perforen y obtengan muestras de una profundidad máxima de mil 500 metros en los próximos 60 días, bajo la coordinación del doctor Jaime Urrutia Fucugauchi, de la UNAM, el doctor Sean Gulick, del Instituto de Geofísica de la Universidad de Texas y la doctora Joanna Morgan, del Imperial College de Londres.
En este esfuerzo internacional de geocientíficos, biólogos moleculares, geólogos y paleontólogos, se buscará comprender por qué y cómo ha evolucionado la vida en la Tierra, aun en circunstancias muy desfavorables, y la relación del cráter del impacto Chicxulub con otros cráteres del Sistema Solar.
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f/René Anaya Periodista Científico
