El amor, el desamor y el erotismo, temas vecinos pero no idénticos, aparecen en Esos años intensos: Veinte cuentos sediciosos, de Jesús Hernández Garibay. Algunos de los relatos son narrados en primera persona, pero ese yo que narra es sorpresivamente una mujer. La elección de este narrador es, tal vez, por su capacidad para ir más despacio, incluso morosamente, sobre los sentimientos. Otros relatos más, narrados en tercera persona se detienen en la mente de los personajes femeninos, nos muestran su punto de vista. Así ocurre en “La arcilla que yo amo” o “Paraíso terrenal” o “Punto crítico”. A primera vista podría tomarse por el intento del escritor de conocer e incluso radiografiar el alma femenina, pero en realidad se trata de que en el mundo machista, la mujer suele considerarse un ser de segunda, vale decir hay una defensa de la mujer como parte de los desposeídos. En “Abogado Licona”, otro de los relatos, se deja ver claramente la doble moral del machista.
Uno de los cuentos eróticos, que se titula “Alma Passion” ocurre en San Diego, en el Hotel Omni. El narrador, esta vez un hombre, hipnotizado por la belleza de una mujer cuenta sus encuentros sexuales, pero al lector se le depara un final inesperado. Otro, igualmente erótico, “De la esclavitud de un hombre” se refiere a un menage à trois, pero el tercero del triángulo, convidado a instancias de la mujer es, aunque habitual hoy en día, un tanto insólito. El tercero, nunca en discordia, es ocultado de modo astuto por el narrador con el resultado de provocar una franca ¿o maliciosa? sonrisa en el lector.
Cada cuento pone en práctica lo que Hemingway llama la técnica del iceberg, es decir que el autor sólo nos deja asomarnos a un fragmento de la vida de sus personajes, suponemos, porque sólo percibimos la punta del iceberg, que existe mucho más, vale decir la vida completa de los personajes, de la que el autor se contenta con mostrarnos algo fundamental. Este recurso sirve a Hernández Garibay para darles vida a sus personajes, a que el lector los sienta como seres reales, no de papel. “Un viejo amor…” muestra de modo evidente este dominio “técnico” por parte del autor. Escribí técnico entre comillas, porque más bien supone una riqueza de mundo, del que el autor sólo recupera una parte. Los relatos, creo, provienen de vivencias o de confidencias de amigos o de vidas ajenas, pero atisbadas con imaginación por Hernández Garibay. Este dejar entrever una vida completa en la rendija para asomarnos que es cada cuento, constituye una de las virtudes literarias de este libro.
En los relatos del siglo XIX, predominaba la descripción; en los de Hernández Garibay, como en los del siglo XX, hay un acercamiento a la lengua hablada, y en este sentido, estos cuentos imitan diversas formas del habla. “Catacumbas Rocker” y “El Toro Fonseca” son los más notables ejemplos de esta recreación, pero no los únicos, de hecho, como debe de ser, cada cuento, como “Pícher estrella”, por mencionar otro, va de acuerdo con las características del personaje que toma la palabra en los relatos, y hay que añadir que la galería de personajes es variada, incluye, por ejemplo, y dejo aquí constancia porque es menos evidente, el habla provinciana, no costumbrista, de una muchacha.
“Estos intensos años…”, el texto que da título al libro, sucede en un espacio y un tiempo histórico que podríamos decir ocurrió hace unos minutos. Abarca la primera década del siglo XXI y llega a las protestas de “los altermundistas” en Barcelona y Madrid, en Italia, o en Chiapas. La trama y los personajes son del Perú. Esta característica de situar cuentos y novelas fuera del ámbito nacional a causa de la globalización, que se aprecia en la Generación del crack (Volpi y Padilla) y ya se advierte en Los detectives salvajes de Roberto Bolaño, da en los mencionados la impresión de un cierto desarraigo, en cambio, en este libro, la globalización existe para crear lazos solidarios, de identificación. No es casual que este texto, y así lo justifican sus personajes, se acerca un poco, no mucho, y sin dejar de ser relato, al ensayo.
Cuentos excelentes, bien escritos y muy bien tramados, los que reúne Estos intensos años…: Veinte cuentos sediciosos, de Jesús Hernández Garibay, publicados por la Editorial Cenzontle.
