“En medio de las decenas de miles de nombres de monarcas que se apilan en las columnas de la historia, sus majestades y gracias y serenidades y altezas reales y similares, el nombre de Ashoka brilla y brilla casi solo, como una estrella.” H. G. Wells
Ashoka Vardhana, conocido como el emperador Ashoka (“Sin tristeza o sin miseria”), era el nieto de Chandragupta Maurya. Hoy en día, es reconocido como uno de los más grandes gobernantes de la India y su dharma chakra (rueda de la justicia) adorna la bandera nacional del país. Sin embargo, Ashoka era totalmente desconocido en la India hasta que los estudiosos británicos a mediados del siglo XIX, después de haber descifrado la escritura Brahmi, lo identificaron y su grandeza fue revelada.
Al comentar sobre los logros de Ashoka y su lugar en la historia, H.G. Wells dice:
Desde el Volga a Japón su nombre todavía se honra. China, Tibet, e incluso la India, a pesar de que esta ha dejado su doctrina, preserva la tradición de su grandeza. Más hombres vivos aprecian su memoria y nunca han escuchado el nombre de Constantino y Carlomagno. Este rey que vive en nuestra memoria hoy en día, vive no por las hazañas de su espada sino como un “rey filósofo”.
Primeros años
Nació en el año 304 a. C. en Patna, capital del imperio Maurya, fundado por Chandragupta Maurya. El establecimiento de este imperio (322 a.C.) coincide con la muerte de Alejandro Magno (323 a.C.), los fragmentos de un recuento de la corte y administración de Chandragupta escritas por Megástenes, embajador de Seleuco, sobreviven en los escritos de algunos historiadores griegos y romanos.
Al ser educado en una familia imperial tuvo entrenamiento riguroso en política y guerra obteniendo pronto el mando de varios regimientos militares.
Respecto al concepto de la guerra que se tenía en ese contexto, I.P. Kosla explica: “…en la India, la guerra siempre ha sido aceptada como parte de la vida, como la parte más importante”. Una de las principales autoridades en materia de las tradiciones de la India escribe que “con muy pocas excepciones, los pensadores indios veían la guerra como legítima”. […] el Mahabharata y el libro de la Ley de Manu “veían la guerra como algo bueno en sí misma, como algo muy emocionante, si acaso algo triste, y a veces incluso como un deber religioso”. La otra escuela, de Kautilya, veía la guerra como “último recurso legítimo en el logro de los objetivos del arte de gobernar”. Incluso en el Jainismo, fundado en el siglo V a.C., que ha tenido tradicionalmente el más extremo compromiso con la no violencia, se ha observado que ningún rey Jainista renunció a la guerra, a diferencia de Ashoka, y que la literatura Jain en ninguna parte aboga por la paz entre los reinos como meta deseable.”
Se dice que la madre de Ashoka, Subhadrangi, fue una de las 16 esposas del gobernante Mautyan, Bindusara. Al no ser el hijo mayor, Ashoka tuvo que luchar una guerra brutal por la sucesión con sus hermanos antes de que pudiera ascender al trono alrededor del año 268 a.C. Siendo un gobernante dominante y de carácter fuerte, aplastó sin piedad las revueltas internas que surgieron en todo el Imperio Maurya y pronto adquirió reputación por ser eficaz y de sangre fría. Kalinga (un reino del noreste de la India, actualmente Orissa) fue su única conquista más allá de sus dominios, pero esta guerra encarnizada cobró más de 100 000 vidas y 150 000 exilios.
La conversión al budismo
Profundamente afectado por la violencia en la guerra de Kalinga, Ashoka renunció a la milicia y aceptó el budismo para que su conciencia atormentada encontrara consuelo.
Posteriormente, su sistema de valores y la orientación de su gobierno sufrieron un cambio radical. Comenzó a enfatizar los valores sociales y familiares pues. consideraba la estabilidad de la familia como la base del orden social. Puso mucho énfasis en el trato humano que recibían los esclavos y sirvientes, promovió la gentileza para con todos los seres vivos, así como la justicia en los acuerdos. Y, a pesar de ser un budista devoto, continuó honrando a las diversas religiones profesadas en el territorio, con la creencia de que ” todas buscan el autocontrol y la pureza de la mente”.
Ashoka trabajaba incesantemente por el bien de sus súbditos, y ordenó a sus oficiales visitar regularmente los distritos para velar por el bienestar de la gente y guiarlos por una vida virtuosa. Sus ideales humanistas fueron inscritos en los distintos idiomas en las rocas y pilares en todo su imperio, de modo que pudieran ser seguidas, incluso después de su muerte.
“Es un registro escrito en piedra, no como un monumento a él mismo, ni para conmemorar sus hazañas, sino como un registro de ley de la moral, de la experiencia que lo llevo a promulgarlo y de sus meditaciones, las cuales lo llevaron a su interpretación y su instrucción.”
Sin embargo, todas sus aspiraciones prácticas se convirtieron en cenizas después de su muerte, en c. 231 a.C., cuando el Imperio Maurya se desintegró y fue usurpado por los Sungas menos de 50 años más tarde. La fuente de la sabiduría de Ashoka se encuentra plasmada en esas numerosas inscripciones, en su mayoría escritas en magadhi (una lengua prácrita) en escritura brahmi.
Sin embargo, ningún gobernante se había puesto a sí mismo objetivos tan nobles o trabajado tan duro para alcanzarlos como Ashoka. El legado que dejó para la humanidad era visto por él a veces como registros de moralidad (Dharmalipi), a veces como decretos de moralidad (Dharma-sravana), y [expresaba tener la esperanza] de que durarían por siempre para dar inspiración y guía a sus descendientes y a las personas”.
*Periodista e Investigador independiente. UNAM
OBRAS CONSULTADAS
- EARLY, Abraham, et al, India. The ultimate sights, places and experiences, DK, 1a. Ed., China, 2008.
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- HÜRLIMANN, Martin, India, Thames and Hudson, 1a. Ed., London, 1967
- KHOSLA, I.P., Underdogs and Empires. A memoir, Konark Publishers, 1a Ed., India, 2010.
- NIKAM, N.A., et al, The Edicts of Asoka, Asia Publishing House, 1a. Ed., Calcutta, 1959.
- NOBLE, Margaret E., Footfalls of Indian history, AdvatiaAshrama, 1a. Ed., India 1956.
- WELLS, H.G., A short history of the world, Macmillan, 1a. Ed., U.S.A., 1922.
