Balsa sin remos (Una historia de niños de la calle), de Gabriela Ynclán, toma de nueva cuenta un tema inagotable que ya ha sido expuesto en la dramaturgia mexicana por autores como Jesús González Dávila con su …de la calle, emblemática puesta del gran Julio Castillo y, en otro tenor, por Magdalena Solórzano su espléndida Un cuento… que no lo es; así como por la prematuramente desaparecida dramaturga mexicana Vivian Blumenthal (1962-2007) en su magistral El pepenador mágico.

Ynclán aborda el tema desde una contemporaneidad actual que explora el sentir de la calle de hoy, con personajes que atañen el devenir de la gran urbe y sus bajos estratos sociales. Con argucia, Ynclán arma una anécdota de brillante nomenclatura urbanística que se va perfilando hacia la misma existencialidad del personaje principal: Miguel “un niño de provincia, abrumado por sus problemas familiares [que] hace un viaje a la ciudad en busca de su hermana Maritoña”. A partir de este viaje que revela los entretelones clásicos de El mago de OZ de Lemon Frank Baum, y aún de Alicia en el país de las maravillas de Lewis Carroll, la maestra Ynclán teje una historia conmovedora donde el niño Miguel recorre la aventura de la supervivencia, y del conocimiento de la ardua vida de la calle entre niños que subsisten sin amparo, hambrientos, enfermos, abusados, desheredados de la protección de una sociedad indolente ante su sufrimiento, que es como un mar de concreto y deshechos, donde el niño naufraga, rema (en una balsa sin remos) hacia el encuentro de lo desconocido.

El texto fluye con mucha gracia no exenta de buen humor negro, y de buen amor por la humanidad, por el respeto a la niñez, lanzando un grito de alerta necesario en todo momento; necesario para tomar conciencia y forjar una o varias maneras de tender la mano a los niños de la calle. Jugando con marionetas y fantoches, la puesta de Jorge Valdivia cumple sin más, pero bien podría este director revisar en lo futuro el manejo de la luz (demasiado oscura y obvia), los arreglos musicales, pues las canciones de buena factura, sin arreglos, desmerecen al igual que el vestuario que habría requerido mayor inventiva y fantasía, pues no se trata de una obra realista como para que los actores vistan con los personajes de la realidad, sino de un teatro con carácter de comedia musical que exige otros elementos de mayor dinamismo y colorido. Como Miguel, la interpretación como marionetista de Alhelí Ábrego, resulta solvente. Completan el elenco Enrique Flores, Esaú Rodríguez, Gloria Andrade y Zaira Concha.

Balsa sin remos presenta un texto de inteligentes e interesantes dimensiones sociodramáticas, que Gabriela Ynclán ha sabido escribir con fuerza discursiva y una imaginación extraordinaria, de pronto entrañable, como suele suceder con su dramaturgia. En el Foro de las Artes del Cenart, Balsa sin remos concluye temporada el sábado 28 y el domingo 29 de mayo, a las 13:30 horas.