Con grata sorpresa me enteré que Miguel Maldonado ganó la cuarta edición del premio Joaquín Xirau Icaza, cuyos jurados fueron Adolfo Castañón y Juan Villoro. Confieso que me urge leer el poemario que lleva el provocativo título El libro de los oficios tristes. Sin embargo, hoy me detendré en otro libro de Maldonado, Bestiario, publicado por Aldus en el 2015.
La editorial Aldus, haciendo honor al nombre que lleva, se distingue por el cuidado y la belleza editorial. Ambas cualidades son compañeras sine qua non de la poesía. No sólo las palabras del poema importan, sino su presentación visual, pues ayuda a entrar, sentir, experimentar el texto. Por eso, el tipo de letra, los espacios, los márgenes, el papel, el cosido, la factura en general forman parte de una larga tradición editorial. A ello, podemos añadir las ilustraciones que acompañan los poemas. En el Bestiario de Maldonado llama la atención que la técnica usada para ilustrar los poemas use el fieltro y que con este material, casi en su estado puro de lana, logre plasmar el carácter lúdico, crítico, familiar, amoroso del poema dedicado a cada bestia. Esta ilustración textil fue realizada por Fernanda Sordo y María José Sordo. Para ellas, un merecido aplauso.
Miguel Maldonado en su Advertencia reconoce la antigüedad del género y dice que respetará el orden alusivo en que “un poema anuncia al animal que sigue”, pero que no se detendrá en la bestialidad de los animales, sino en el “lado humano que los contiene”, actitud que reafirma el epígrafe de Alfonso Reyes: “Sospecho que los animales que bajan hasta nuestras moradas —aves, ratones, gambas, cucarachas— adoptan algún rasgo, alguna dirección de nuestras costumbres, de modo que nunca logramos conocerlos en estado puro y en gracia de naturaleza”. ¿Hay algo de la bestia que, al hablar de ella, no pase por el entendimiento de los seres humanos y por su limitación de capturar lo que en la bestia le escapa, y que compensa cuando proyecta en ella los vicios y virtudes de lo humano? Esto es lo que mueve a Maldonado: develar el “lado humano” que contiene a las diversas bestias que va presentando, desde el ajolote hasta el venado, pasando, entre muchos otros, por la pulga y el piojo, la jirafa y el elefante, la víbora y la lombriz, sin que falten, por supuesto, el perro y el gato. Analizar con detalle los textos pediría un tipo diferente de espacio…
Muchas veces, Miguel Maldonado dedica su poema a algún literato, y para terminar transcribo el haiku “Del mosquito —exigiendo trato de mariposa—”, que lleva a guisa de epígrafe otro haiku de Kobayashi Issa: “Para el mosquito/ también la noche es larga/ larga y sola”: “No se merece/ tan blanda picadura/ pena de muerte”.
Además, opino que se respeten los Acuerdos de San Andrés, que se respete la Ley de Víctimas, que se investigue seriamente el caso de Ayotzinapa, que el pueblo trabajemos por un Nuevo Constituyente, que Aristegui y su equipo recuperen su espacio radiofónico.
