[gdlr_text_align class=”right” ][gdlr_heading tag=”h5″ size=”26px” font_weight=”bold” color=”#ffffff” background=”#FA5858″ icon=” icon-quote-left” ]Quien tendrá que aguantar la próxima locura xenofóbica será el siguiente presidente mexicano.[/gdlr_heading][/gdlr_text_align]

La importancia de las relaciones bilaterales

La ola xenofóbica ha crecido y, frente a todos los pronósticos, la pesadilla racista terminó venciendo a su propio partido, ganando las primarias a su establishment y tiene amarrada la candidatura presidencial; desde luego, las expectativas plantean su muy probable derrota en la elección final, sin embargo, no podemos dejar de suponer que, pese a la escasa probabilidad, existe la posibilidad real de que el racista obtuviera el premio mayor.

En esta expectativa, casi absurda, tocará al presidente Enrique Peña Nieto el primer año del nuevo gobierno norteamericano, pero quien tendrá que aguantar la próxima locura xenofóbica será el siguiente presidente mexicano.

Para controlarlo no se requieren políticas que tengan que ver con acontecimientos internos de nuestro país, sino, desde luego, serán los grandes intereses internacionales los que se vean amenazados por la política económica que plantea Trump, que básicamente consiste en detener el flujo de capitales y mercancías en la globalización, cancelar los tratados de libre comercio y tratar de regresar la industria norteamericana a su metrópoli; por eso, este tema tiene que ver con las relaciones internacionales, económicas, políticas y diplomáticas con las que México tenga que alinearse, así como con el propio Congreso norteamericano, que seguramente estará dividido.

Si el presidente fuese una persona como López Obrador, el choque sería inevitable y, muy probablemente, aumentaría de manera exponencial la crisis económica; si, en cambio, el presidente fuese cualquiera de los tres panistas aspirantes: Margarita Zavala, Rafael Moreno Valle o Ricardo Anaya, no se ve una capacidad de negociación para contener la locura fascista; el PRD con el jefe de gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, o con cualquier otro, no sería una solución.

Por ello, es probable que un priista, avezado en las ligas financieras y diplomáticas, pudiera ser la mejor carta; si bien es cierto que el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, ha mantenido la comunicación con el imperio en materia de seguridad, ésta depende básicamente de ambos Ejecutivos, por lo que no existiría una línea clara para detener las propuestas de Trump.

En cambio, el secretario de Hacienda, Luis Videgaray Caso, es el hombre mexicano que indudablemente está más vinculado a las políticas económicas y financieras globales, y también tiene esta misma característica el secretario de Desarrollo Social, José Antonio Meade Kuribreña, quien además cuenta con un plus diplomático al haber sido titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores, y anteriormente secretario de Energía y de Hacienda.

Más allá del triunfo electoral del mencionado individuo, ya despertó un odio y una hostilidad, cada día mayor, hacia los latinos y mexicanos que, por millones, viven en Estados Unidos.

Con Trump o sin Trump, las relaciones bilaterales con el imperio jugaran un papel determinante en el futuro inmediato.