Estado padrastro

A través de la aprobación de los Lineamientos programáticos para la transmisión de los programas grabados en televisión abierta autorizados por la Secretaría de Gobernación en noviembre de 2015, se ocasionarán diversas consecuencias graves para la sociedad mexicana. En el campo de la salud física se generarán, entre otras, las siguientes preocupantes repercusiones globales:

  1. Tales “políticas de información” gubernamentales contribuirán a incrementar seriamente el ya muy grave problema nacional de sobrepeso, obesidad, diabetes, hipertensión, alcoholismo y tabaquismo, pues desde fases muy iniciales de conformación del carácter los niños estarán expuestos a recibir mayor cantidad de mensajes que promueven la asimilación de alimentos chatarra, refrescos, golosinas, pastelillos, postres, mermeladas, botanas, helados, alcohol, tabaco, los cuales colaborarán a reforzar estos delicados padecimientos.

Ante ello, es sumamente importante considerar que cuando las empresas emisoras de comunicación masiva depuran o modifican los contenidos publicitarios, se producen cambios muy relevantes en el consumo de productos y la mejora en los hábitos alimenticios de la población.

Por ejemplo, después de la aplicación de la reforma a la Ley General de Salud en 2014 que ajustó la publicidad insertada en los espacios dedicados al público infantil se logró un decremento de -47.2% en el rubro de chocolates/dulces/golosinas, postres y mermeladas; -36.7%, paletas/helados -53%; panificación -68.4%; botanas -76%, con lo cual se contribuyó sustantivamente a mejorar las condiciones de nutrición y salud de la infancia.

Sin embargo, pese al éxito de estos avances civilizatorios de la sociedad en las fases anteriores, asombrosamente con la aprobación de dichos lineamientos televisivos el Estado continuó robusteciendo la tendencia opuesta, pues al incrementarse la exposición publicitaria de “alimentos chatarra” en los horarios infantiles (de las 4 p. m. en adelante), se fortalecerá la deformación de las costumbres nutricionales de la niñez, con sus respectivas consecuencias psicobiológicas para sus vidas, la creación de serios problemas de salud pública, la generación de retrocesos culturales y la incubación de fuertes repercusiones para la economía nacional.

  1. La introducción de estas políticas informativas no sólo ocasionarán un muy importante problema de orientación educativa de las infancias, sino avivará el surgimiento, a largo plazo, de una gran crisis civilizatoria en la nación, pues a través de la liberalización de este tipo de información se estarán inculcando desde las etapas neurológicas más tempranas de conformación del cerebro humano valores, sentimientos, deseos y cosmovisiones no aptos o dañinos para la formación de la conciencia de la niñez, que afectarán su futura vida adulta y al conjunto de la sociedad.

Es muy importante tener en cuenta el grado en que en el pasado la publicidad de los medios de difusión electrónicos fomentó el consumo de un nuevo modelo de canasta básica sustentada en “alimentos chatarra”, compuesta por refrescos, botanas, dulces, pastelillos, frituras, propiciando la asimilación de grasas, calorías, carbohidratos, almidones, en proporciones nocivas para la salud, alterando las prácticas convencionales de alimentación de la familia mexicana creados durante muchas décadas por la Secretaría de Salud, Secretaría de Educación Pública, Procuraduría Federal del Consumidor, Comisión Federal Para la Protección Contra Riesgos Sanitarios (Cofepris), el núcleo familiar y otros órganos culturales. Todo lo cual causará graves consecuencias para la dieta alimenticia del mexicano.

En este sentido, los cambios axiológicos en el terreno de la educación nutricional que colaboraron a disparar la radio y la televisión comerciales al promover el cambio de hábitos alimenticios y el consumo intensivo de alimentos chatarra; fueron detonantes clave que contribuyeron a propiciar la emergencia o el acentuamiento en grandes proporciones de la diabetes, el sobrepeso, la obesidad, y el “desorden del atracón”, que generaron serias epidemias de salud colectiva en la república.

Por ello, con el fin de proteger los hábitos alimenticios de la población desde 2014, la Cofepris definió los porcentajes máximos de energía, sodio, grasas saturadas y azúcares totales que deberán contener alimentos y bebidas; y limitó la publicidad de refrescos, botanas y confitería restringidos en horarios infantiles.

Sin embargo, aunque todos los problemas de salud anteriores son fenómenos que tienen un origen multifactorial, la cultura parasitaria que generó la publicidad masiva durante las últimas décadas de la “modernización nacional” fue un factor central que contribuyó prioritariamente a disparar su existencia amplificada. Así, el impulso de la programación de las industrias electrónicas, especialmente de la publicidad televisiva, hacia el consumo de mayor ingesta calórica, la promoción acentuada de la comida rápida, de alimentos preparados, de comestibles industrializados, de pro­ductos que facilitan las tareas cotidianas, el incremento compulsivo del consumo fueron variables fundamentales que colaboraron en conjunto a expandir los padecimientos de la diabetes y la obesidad a niveles alarmantes en el país.

Por ejemplo, en el ámbito alimentario, la influencia de dicha cultura depredadora sobre el terreno nutricional provocó que en los últimos diez años el consumo de verduras y frutas descendiera, mientras aumentó la ingesta de productos altamente calóricos. Simplemente, en este periodo histórico, México se transformó en la nación con mayor asimilación de refrescos en todo el mundo, rebasando a Estados Unidos con un consumo mayor a los 163 litros por persona al año.

De esta forma, tal asimilación nacional de refrescos por individuo superó en 40% la realidad norteamericana; cifra que es muy preocupante, pues tales bebidas no aportan ningún tipo de nutrientes y su consumo está asociado con el aumento de peso, y por lo tanto, con la obesidad.

De esta forma, la imposición mediática de la cultura chatarra sin control también colaboró a que en los recientes 20 años México se convirtiera en el segundo país con mayor sobrepeso y obesidad en todo el planeta, después de Estados Unidos.

Por ejemplo, en la actualidad casi un tercio de los adultos (32.4%) mexicanos presentan exceso de gordura y casi un tercio de los niños mexicanos (uno de cada tres) tienen sobrepeso o sufren de obesidad rebasando a la población infantil estadunidense. Paralelamente a ello, en 2008 la diabetes, enfermedad crónica relacionada directamente con el sobrepeso y la obesidad, afectó a un porcentaje alto adultos, en un rango que osciló del 9.2% al 16%.

Es necesario remarcar que el estudio realizado en el 2015 por el Instituto Nacional de Salud Pública acerca de la influencia de la televisión sobre los hábitos alimenticios de los niños reflejó que los menores tienen una predilección biológica por los alimentos con azúcar, grasa y sal, lo cual es aprovechado por la industria para promover sus productos. Frente a esto se constató que los niños tienen dificultad para distinguir entre los mensajes publicitarios y la información objetiva.

Así, por un lado, el 68% de los pequeños aceptaron comprar productos que vieron en televisión debido al sabor, el ansia, el hambre, y por el deseo de dar un regalo. Por otro lado, aquellos infantes con un índice de masa corporal más alto reconocieron con mayor facilidad los logotipos de cadenas de comida rápida.

Por todo esto la aceptación oficial de dichos nuevos parámetros programáticos serán factores culturales estratégicos que colaborarán a recalcar tal deterioro nutricional y el bienestar físico de la población en el país.

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