Verdades a medias y mentiras completas

Me dijo una ocasión el secretario de Gobernación más informado que ha tenido el país: “En la política mexicana regularmente los pactos son efímeros. Se construyen de tal manera que tal parece que se hicieran para romperse”. Es siempre lo más conveniente para cualquier pactista, individual o colectivo, que llegue a signarlos.

Un caso reciente es el Pacto por México, que fuera de algunos de sus efectos reformistas, es algo que ya no existe porque fue diseñado para que el régimen siguiera caminando sin problemas sin necesidad alguna de él.

Una alambicada historia de verdades a medias y mentiras completas sobre un supuesto pacto secreto entre Enrique Peña Nieto, entonces gobernador del Estado de México, y el candidato panista a la presidencia Felipe Calderón, para frenar a López Obrador en las elecciones presidenciales de 2006, es presentado por ediciones de la revista Proceso como libro de su reportero Álvaro Delgado, con el obvio título de El amasiato.

La fuente principal del autor de El amasiato es un panista de tercera categoría, Ulises Ramírez, cuestionado exalcalde de Tlalnepantla, que cuenta la manera en que el mexiquense decidió otorgar los votos de esa entidad a Calderón para frenar el peligro que representaba López Obrador para el futuro electoral del michoacano.

“Beneficios políticos”, sería el pago por el apoyo mexiquense.

Pues la oferta del panista debió ser muy pobre porque el registro del conteo de esos comicios dejó una clara impronta de fraude en contra del tabasqueño.

Calderón ganó con apenas medio punto porcentual. Se generó el grito de voto por voto y casilla por casilla.

¿Dónde estuvo la ayuda mexiquense?

Una casilla del estado de Guanajuato fue el factor decisivo para alcanzar a revertir una tendencia en favor de López Obrador y lograr ese increíble medio punto porcentual que en México no es nada en una elección presidencial.

Quedó claro que el PAN de Guanajuato de aquel 2006 fue el gran operador del fraude para robarle el triunfo al político de Macuspana.

El PRI perdió esos comicios porque tenía un pésimo candidato, como Roberto Madrazo, que hizo retroceder a su partido hasta el tercer lugar.

Lamentable secuela de la legión de contadores de historias de los pactos políticos es la que hace Álvaro Delgado en su edición El amasiato.

Es, como dijo documentadamente Federico Arreola, un seguidor de Raymundo Rivapalacio. Aunque sin la sintaxis y menos el veneno político de las “revelaciones” que hace frecuentemente “Riva”.

Porque si de secretos se trata, recuerdo lo que me dijo el exsecretario de Gobernación más informado de México que mencioné al principio de estas notas:

“Mire, José Luis, la lógica del secreto indica que para que un secreto siga siendo secreto entre tres, cualquiera de ellos debe estar muerto”.

Y en esta historieta ripalaciesca, El amasiato, el “pacto secreto” lo sabían segundones como Ulises Ramírez; obviamente Felipe Calderón y su esposa Margarita Zavala; también Peña Nieto, Murillo Karam y otros priistas que se mencionan en esa ficción.

Y la verdad, según la lógica del secreto, con tanta gente enterada del asunto, ya esa secrecía se había perdido para convertise en un chismarajo.

Pero en eso de contar fantasías no hay reglas y los límites los pone la información y la capacidad de investigación de algún lector improbable, en este caso de El amasiato.