No estoy de acuerdo con quienes creen que pornografía y erotismo son lo mismo ni con quienes afirman que la pornografía es “el erotismo de los demás”. Independientemente de su etimología (“descripción de la prostitución”) y de la manera en que empleó la palabra “pornografía” Restif de la Bretonne (el que la inventó en el siglo XVIII), para mí las representaciones pornográficas carecen de valor estético precisamente porque su único interés es mostrar la genitalidad, la unión sexual sin ningún otro fin y a menudo sólo para causar un efecto sin contenido (la excitación), lo cause o no lo cause, pues se trata de una apreciación totalmente subjetiva. También hay autores que sólo quieren causar indignación u horror, sin interesarles nada más. En consecuencia, más que representación, hay presentación, como sucede en la exposición-reportaje de un crimen, sin ningún tipo de recreación.
En materia de literatura o de narración en general (incluidas las películas), la pornografía simplemente carece de personajes. Los personajes son falos y vulvas, pechos y glúteos, piernas y muslos, semen y otros fluidos. No hay más personajes que ésos. Todo se centra en esa cuestión. En cambio, las representaciones eróticas, sean pictóricas, literarias, escultóricas o cinematográficas, poseen ingredientes formales, estructurales, estéticos, psicológicos, situacionales que hacen de dichas representaciones algo que va más allá de la genitalidad. No es lo mismo un coito anónimo que la escultura en un templo hindú de un coito. En el segundo caso hay arte y un fin eminentemente sagrado, pues el erotismo en las culturas orientales no salió del ámbito sagrado. Nuevamente, no es lo mismo un vulgar coito anónimo que una obra literaria con personajes que de repente practican un coito, aunque en ésta haya semen y todo lo mencionado antes. Existe un abismo entre erotismo y pornografía. Esta última es gratuita, repetitiva, monótona. Puede ser didáctica, pero no es erotismo. Para que se entienda mejor: una cosa es la violencia y la sangre gratuitas (como en el cine gore o snuff) y otra es la violencia en un contexto determinado, que obedece a una trama, como la violencia física o psicológica que de repente aparece en el cine de un gran artista como Ingmar Bergman (para mí, uno de los mejores y más completos creadores cinematográficos: completos en un sentido humano, y jamás encontraremos efectismo ni elementos gratuitos en sus obras).
La pornografía entonces es la sexualidad descontextualizada, anónima o carente de forma estética. Puede argumentarse que la Maja desnuda es anónima y que está descontextualizada, al igual que los coitos esculpidos en Kahurajo. Yo contestaría que la técnica, la huella del artista, las motivaciones estéticas, el fin estético o religioso hacen que estos fenómenos no sean simple pornografía, sino representaciones eróticas.
