El 30 de abril de 1955, Estados Unidos apoyó un golpe de estado que le permitió declarar la República de Vietnam, e instalar un gobierno de tendencia prooccidental. De esta manera, Washington intentaba cortar al avance comunista en Asia, principalmente en Indochina, donde la Unión Soviética y China buscaban colocar a un gobernante vietnamita leal a ambos. A partir de ahí, se libró una guerra que no sólo se peleó en el campo de batalla y con tácticas regulares, sino a través de los medios de comunicación, la diplomacia y con estrategias diversas como la guerra de guerrillas, que hacían difícil que una gran potencia militar como Estados Unidos se impusiera con todos su recursos económicos y armamentistas a un rival aparentemente más débil. Los mismos jefes militares vietnamitas concebían el conflicto como un combate entre un elefante (Estados Unidos) y un tigre (Vietnam), donde éste debía moverse constantemente para imponerse a la fuerza magna del paquidermo y obligarlo a morir desangrado.
Dieciocho años después, Estados Unidos firmaba el 27 de enero 1973, los Acuerdos de París, que daban fin a la contienda, pero se mantuvieron algunas prerrogativas como la implantación de un alto al fuego, la retirada de las tropas estadounidenses en un periodo de sesenta días y el intercambio de prisioneros. Washington también mantuvo desde entonces un bloqueo de armas total a la venta de armas a Vietnam. Esta semana, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, anunció el levantamiento de la medida, después de casi cinco décadas de vigencia.
Normalización de relaciones
La medida fue pronunciada por el mandatario estadounidense en compañía del presidente de Vietnam, Tran Dai Quang y durante una gira realizada a ese país, con el que afirmó que busca lograr una “completa normalización” de las relaciones entre ambos países.
“Estados Unidos levanta completamente la prohibición de venta de equipamiento militar a Vietnam”, dijo Obama en una conferencia de prensa a lado de su homólogo vietnamita Tran Dai Quang, durante el primer día de su gira oficial en el país asiático.
Esta disposición de Obama tiene lugar en momentos en que Washington ha buscado restablecer su posicionamiento geopolítico a partir de lo que la política norteamericana ha considerado como “enemigos de Estados Unidos” tales como Rusia y Cuba, ambos resabios de la Guerra Fría. Asimismo, ocurre en una situación en que Vietnam enfrenta dificultades con China por la disputa del archipiélago Spratly, que Beijing considera que la mayor parte de este territorio, incluyendo sus aguas e islas, le pertenecen.
Además es un área marítima que también le disputan Filipinas, Corea del Sur y Taiwán, porque se presume la existencia de reservas de gas y petróleo, además de ser paso estratégico del tráfico marítimo mundial.
Tensión regional
Este conflicto ha distanciado a los gobiernos de Beijing y Hanoi, al grado que éste último ha comenzado a buscar posibles aliados para enfrentar una posible respuesta militar por parte del gigante asiático. El acercamiento con Estados Unidos, su ex rival, le ha servido mucho en ese aspecto. El presidente Obama ha dejado en claro que el levantamiento de esta medida restrictiva contra Hanoi “no está relacionado con China” y, por el contrario, tiene mucho más que ver con el ámbito comercial bilateral, pues afirmó que Vietnam “tiene un enorme potencial para crecer”.
Sin embargo, en realidad es la conclusión de la acción iniciada por el presidente Bill Clinton en 1994, cuando levantó el embargo económico y autorizó la apertura de oficinas de enlace, con lo que se inició la normalización de las relaciones bilaterales, tras 30 años de bloqueo.
Este acercamiento entre Washington y Hanoi también coincide en momentos en que el Banco Mundial advirtió que China se fortalecería económicamente aún más si se le deja apoderarse de las islas en disputa.
Otros analistas internacionales sospechan que las islas no son el foco central de la tensión regional, sino la inclusión de Vietnam en el Acuerdo Transpacífico (TPP), un pacto comercial liderado por Estados Unidos que incluye a 12 países pero excluye a China. Para algunos expertos, el TPP es un instrumento estadounidense para reafirmar su hegemonía en el Pacífico.
