El pasado 2 de mayo la Secretaría de Relaciones Exteriores convocó al seminario México global: intereses y principios de la política exterior, en donde su titular, Claudia Ruiz Massieu, fue enfática al asegurar que “la comunidad internacional es cada vez menos tolerante a que un Estado, o bien, otro actor no estatal pueda cometer crímenes atroces contra su población”. También manifestó que “probablemente hablar o actuar al respecto durante la Guerra Fría pudo constituir un acto de intervención, pero hoy ya no es así. Y así lo creemos en la Cancillería”.

No es la primera vez que se dice en foros de alto nivel que el principio de no intervención ha caducado, pero sí es la primera ocasión que lo escuchamos del encargado de la diplomacia mexicana, por lo que cobra mayor peso y deja un histórico y saludable precedente para las relaciones de México con el mundo.

La diplomacia mexicana debe ser más activa con definiciones y compromisos claros sin miedo a buscar ser un país referente, sin temor a las obligaciones de una nación del tamaño de la nuestra. México está en vías de convertirse en la séptima economía del planeta en la próxima década, somos el undécimo país por el tamaño de su población, el decimocuarto por la dimensión de su territorio, el primero por población de habla hispana y el décimo contribuyente al presupuesto de la ONU.

Hoy la sociedad mexicana desea que nuestra nación tenga más influencia: el 61% piensa que tener una participación activa en asuntos mundiales es mejor para el futuro de México; el 51% piensa que el comercio debe utilizarse para que nuestro país incremente su influencia en el mundo; el 66% está a favor de invertir más recursos en abrir Embajadas y Consulados; el 65% está a favor de aumentar nuestra participación en organismos internacionales; el 81% está de acuerdo en que haya más caminos y puentes que nos conecten con las regiones de América del Norte y América Latina para fomentar la integración; y más del 60% cree que la inversión extranjera y el comercio son benéficos para la economía mexicana.

Por décadas hemos vivido bajo un complejo que nos impide actuar con base en nuestros intereses y hemos estigmatizado esa palabra. Pero gracias a las locuras de Donald Trump muchos han abierto los ojos, porque con sus acciones discriminatorias ha puesto en la mesa de debate en ambos países el papel que juega México en el mundo. Debemos asumir un nuevo paradigma en materia de Política Exterior, poniendo al día sus principios, en particular el de no intervención, que ha servido de excusa y camisa de fuerza para que asumamos un papel más importante como promotores de nuestros valores y recibiendo lo mejor del mundo en beneficio de nuestra sociedad. Es por eso que el pasado 17 de septiembre presenté una iniciativa para reformar el artículo 89, fracción X, de la Constitución Política para derogar de los principios normativos de nuestra diplomacia, no intervención.

El mundo cambia aceleradamente y no sólo debemos estar al día, estamos obligados a visualizar el futuro, defendiendo y empoderando a los mexicanos en el mundo, promoviendo la democracia en nuestra región, aceptando los señalamientos propositivos y la cooperación internacional, pensando en el empoderamiento de la nación entera, aceptando que el mundo nos necesita y nosotros necesitamos al mundo.

INTEGRANTE DE LA COMISIÓN DE RELACIONES EXTERIORES AMÉRICA DEL NORTE, DEL SENADO DE LA REPÚBLICA

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