Estos visos descubrían nuevos panoramas, como el lenguaje, quizá lo más necesario en el ser humano para ir avante. Sin embargo, la ambición de poder en todas sus gesticulaciones, se fue torciendo para conseguir sus objetivos personales de quienes se iban empoderando.

Parece ser que se trata de un ciclo, que su periodo de iniciar el retroceso ya tiene importantes avances. Apuntalemos esta postura: la diversidad de ideas, o algo parecido a ideas, pululan en el gigantesco mundo de la difusión, tanto impreso como digital. Sin embargo, ese pensamiento no fructifica, o fructifica torcidamente. Quizá podamos presumir que la expresión es en su totalidad plural y abierta pero los rumbos de tales voces tienen un aporte, en su gran mayoría, negativo. Las críticas en su contenido es de la más alta mala fe y, lo peor de todo, sin ningún sustento. Se trata, pues, del mundo digital, redes sociales donde casi todos opinan desde las vísceras y, por supuesto, también —desde las vísceras— encuentran respuestas esas posturas.

Estamos en medio de un clima de fuerte violencia, de aniquilar al otro sin medida. Viajar en Metro, Metrobús o cualquier transporte colectivo es una amenaza, mucha gente está predispuesta y constantemente a la defensiva y ofensiva. Los espacios destinados para mujeres en estos transportes es un campo minado, donde algún despistado —por ahora dejemos de lado a quienes abordan este espacio con intenciones perversas— de pronto se encuentra agredido, y donde algunas mujeres atacan como si hubieran sido humilladas de la peor forma.

Hoy esta situación que crece, sobre todo en la Ciudad de México, se ha vuelto un tema constante entre algunos amigos, algo que quizá no se vea con preocupación pero que sí llama la atención por el enorme avance que se da día con día. Y entre estas charlas vemos con nostalgia que, con mucha mayor medida, anteriormente se vivía el clímax de la inteligencia y el conocimiento. Pero no nos debemos sentir en la orfandad, pues las valiosas plumas, simplemente, no pueden tener extinción, aunque se vean como luciérnagas en la noche apabullante de la nueva era de la comunicación.

Es muy triste que la Cultura suma pérdidas, que los medios de comunicación no sólo la han pasado a un espacio reducido, sino que en varias publicaciones hasta ha desaparecido. Y eso tiene costos, hoy palpables.

Por último, no soslayemos que tenemos un país violento, al que se le teme, donde ya “presumimos” por mucho tiempo a la ciudad más peligrosa del mundo: Acapulco. Un México que sus gobernantes han tomado la cultura, y lo siguen haciendo, como si se tratara de unas cuantas gotas de cloro en la alberca pero, si lo meditan un poco, sabrán que sin esa sustancia clorada, el agua de la alberca se pudre, como se pudre cada día este México nuestro.