Mientras los mortales duermen de Kurt Vonnegut (Sexto piso, Madrid) es un libro póstumo de dieciséis cuentos diversos en sus personajes y ligados por un solo elemento: la ironía trabajada de manera muy sutil. El lector se encontrará historias que van desde un hombre que inventa un refrigerador a imagen y semejanza de su ex pareja o el enamoramiento de un estudiante de criminalística y teología con la esposa de un gánster, pasando por un concurso navideño y robo en torno a la mejor decoración de las casas, hasta un hombre que no tiene riñot, y el dinero como seductor ante el talento y la verdad, por mencionar algunos ejemplos. El humor negro, efímero e inmediato, se encuentra desde las primeras escenas de los cuentos, pero es al final de los mismos cuando aparece con mayor fuerza. La edición que presenta Sexto Piso es limpia, atrayente desde el diseño de arte (la portada), el uso de las guardas color rojo que le da elegancia al libro aunque no esté en una edición de lujo o tapa dura, el proceso de traducción, así como el uso de ilustraciones.

Existen varias historias en torno a la publicación de manuscritos póstumos, si el manuscrito estaba perdido, si no sabían determinar a ciencia cierta el autor del mismo, que el mismo escritor haya dicho que no se publicara, etcétera. Considero que ampliar el espectro de lecturas, así como de obras del propio autor radica parte de la importancia de publicar libros póstumos, sobre todo para aquellos lectores que esperan algo más de ese autor que es canónico para ellos. Y hago esta distinción porque un lector asiduo de la narrativa de Vonnegut no se quedaría sólo con la lectura de Las sirenas de Titán, o El desayuno de campeones si no que tienen la posibilidad de leer dos libros más escritos por él, pero publicados después de su muerte como Mire al pajarito (editado también por Sexto Piso) y Mientras los mortales duermen.

Si bien, Vonnegut ya había sorprendido a sus lectores y críticos con la publicación de Matadero 5 (1969), novela que oscila entre la ciencia ficción y la autobiografía. Ambientada en la Segunda Guerra Mundial, principalmente el bombardeo de Dresde; así como el tema de la esclavitud de los niños, con metáforas, saltos en el tiempo, situaciones que parecieran no tener coherencia pero que, con la marcha de la lectura, se vuelven primordiales para la concepción de la historia, en Mientras los mortales duermen nuevamente hay una sorpresa en el cambio drástico de las temáticas como el interés de un adulto por jugar con las maquetas de trenes o el melodrama idílico a partir de las cartas de amor, los personajes del día a día, inmersos en su propia realidad y el lenguaje directo, sin elaboraciones complicadas.

La ironía que maneja Kurt Vonnegut está antes de que el lector abra el libro y es justo en el título del mismo. Uno se preguntaría si existen seres capaces que no duerman, sin entrar en cuestiones mitológicas. Existen licencias que los autores manejan para nombrar sus libros, darle un nombre independiente al libro, utilizar esa frase dentro de sus cuentos que englobe todos los textos, tomar el nombre de uno de los cuentos. En este caso se desconoce si el autor o el editor decidió nombrar el libro a partir de uno de los cuentos. Empero, dicho nombramiento es acertado; aunque existen títulos como “La epizootia”, “Al mando”, “Dinero habla” o “Los farsantes”, “Mientras los mortales duermen” encierra la esencia de los cuentos.

La mayoría de los cuentos están escritos a partir de un “yo” o primera persona o narrador autodiegético siguiendo las categorías narratológicas que Gerard Genette propuso en su libro Paratextos. Cuando el lector se enfrenta a este tipo de narrador supone que es el autor quien está hablando, pero no es así. Descubrirá que estos cuentos, escritos como recuerdos, se construyen por el manejo de las perspectivas de los personajes. El yo narrador sólo conoce lo que él sabe, se aventura a presuponer los sentimientos y pensares del otro, todo a partir de su propia visión. De esta manera es como vivimos día a día, suponiendo lo que el otro está pensando, imaginando, adelantando las respuestas o el siguiente comentario.

Diversos autores han tratado sobre la concepción y creación del cuento. Edgar Allan Poe, autor de relatos de terror del siglo XIX sostenía que la lectura del texto no debía de pasar un tiempo mayor a los treinta minutos. Los textos que el autor maneja en este libro son cortos, se leen en un tiempo menor del que el autor norteamericano propone. Por otra parte, Julio Cortázar en su espléndido texto “Un paseo por el cuento” menciona que para que un cuento sea considerado como perfecto, debe cumplir con los siguientes aspectos: presentar un conflicto, manejar un solo tema, utilizar pocos personajes, un desenlace inesperado y la concisión temporal y espacial. Se dice que el cuento expresa mucho en pocas palabras y la novela expone poco en muchas palabras. De esta manera es la narrativa de Kurt, va directo a lo que tiene que decir. Y si se sigue con la idea cortazariana sobre el final sorpresivo, en Vonnegut no existe. De hecho, esa sorpresa no existe en su totalidad; los elementos van desfilando mientras el lector observa las líneas y la narración se va desarrollando. Las historias concluyen donde tienen que terminar.

Uno de los cuentos a destacar es “Besos a cien dólares”, ya que es el único que rompe con la estructura narrativa. Escrito a manera de diálogo, más bien de un interrogatorio explícito con las letras “P” y “R”, cuenta la historia de Henry George Lovell frente al detective George Miller quien investiga el ataque a un compañero de trabajo de Lovell. En ningún momento hay un narrador que cuente la historia, es a partir de los diálogos entre ambos personajes que todos los detalles aparecen. Dicha estructura narrativa puede resultar sencilla de crear, sin embargo es necesario tener un buen oído para poder determinar y plasmar el tipo de voces de los personajes, diferenciarlos entre sí, a pesar que exista esa diferencia textual entre “P” y “R”. Y claro, sin olvidar la novela El beso de la mujer araña de Manuel Puig escrita toda, de igual manera, con diálogos en donde el único “narrador” que existe es como notas a pie sobre reflexiones del psicoanálisis en torno a la homosexualidad. Por lo mismo que dicho interrogatorio presenta esta particularidad (pregunta-respuesta), el texto se vuelve universal; uno como lector puede sustituir ambas letras, así como los nombres explícitos que se manejan, y trasladar la historia a donde se quiera.

Pero los libros no sólo están hechos de palabras. Cabe destacar que Mientras los mortales duermen cuenta con trece dibujos realizados por el propio Vonnegut donde se observa otro interés artístico del autor; con sus trazos sencillos, limpios y directos, como su narrativa.

Así como Josef K, personaje de El proceso, pone la letra “K” como sello distintivo de Franz Kafka, según las lecturas y los reveladores análisis de George Steiner, vincular el nombre de Kurt Vonnegut con la ironía y el humor negro no sería arriesgado. Los textos se presentan como un desfile de estampas en distintas locaciones de Estados Unidos en donde el American way of life ya no es tan idílico como parece.