Las nuevas generaciones la ignoran
A media semana celebramos el 5 de mayo… cuando las “armas mexicanas se cubrieron de gloria”, como expresaba el parte de guerra de Ignacio Zaragoza al presidente Juárez; cuando el ejército mexicano, mal armado y peor equipado, venció al ejército francés, considerado en esa época el mejor del mundo.
Lastima y duele cómo esa efeméride y otras se pierden en la niebla de la conciencia nacional y las nuevas generaciones olvidan e ignoran la relevancia que tiene para la afirmación del Estado mexicano y la propia mexicanidad.
En tiempos recientes, la conmemoración del sitio de Puebla en 1862 pareciera que se buscaba borrarlo de la memoria nacional al igual que el 20 de Noviembre; pudimos constatar estupefactos que la batalla de Puebla se celebraba con mas ánimo y esplendor en Estados Unidos, incluso en la misma Casa Blanca.
Los festejos —que extrañamos— con los que creció y se educó nuestra generación nos enseñaron esa parte de la historia patria que no es vulgar nacionalismo acendrado. La significación de la victoria sobre Francia, junto con las Leyes de Reforma, consignadas después en la Constitución de 1857, que separó la Iglesia del Estado, constituyen en los hechos la verdadera Independencia de México y lo afianza como Estado soberano.
Es cierto que después el ejército francés recibió refuerzos en equipo, armas y hombres y volvió a Puebla, la sitió y sobre las bayonetas de sus fusiles instauraron la monarquía del archiduque Maximiliano, llegando a dominar grandes porciones del territorio nacional. Pero no es menos cierto que los mexicanos, que acababan de ganar la guerra civil contra los conservadores centralistas, con el liderazgo de Benito Juárez, y recurriendo a la guerra de guerrillas, jamás se rindieron a pesar de que estaban arrinconados en Paso del Norte, hoy Ciudad Juárez.
En esta brevísima relación histórica, es imposible no recordar el entramado internacional y el destacado papel de Francia, que luego de apoyar con dinero, hombres, armas y barcos, la independencia de Estados Unidos contra Inglaterra en 1776 mantuvo una relación de amor–odio con nuestros vecinos y que en esa coyuntura histórica, casi cien años después, buscó crear un “reino latino” para detener el expansionismo norteamericano.
La oportunidad era favorable, Estados Unidos se encontraba en plena guerra civil, entre los estados esclavistas del sur y los industrializados del norte, siendo estos últimos los ganadores con el liderazgo de Abraham Lincoln. La prolongación de la guerra de los invasores franceses, el escaso apoyo que obtuvo Maximiliano de la Iglesia y los conservadores, aunado con otros conflictos en Europa, más la presión estadounidense, facilitó el triunfo de la republica mexicana.
Y ese afianzamiento de México como Estado, la consagración de la república y la consolidación de un gobierno federal no es poca cosa, significa en esencia la consolidación de nuestra Independencia y de nuestra mexicanidad. Y esa Historia, con mayúscula, no debe perderse en la memoria.
