Señora Klein de Nicholas Wright, traducción, actuación y dirección de Emoé de la Parra, acompañada por Paola Izquierdo, Alejandra Maldonado y/o Georgina Rábago, se presenta de sábado a lunes, hasta el 30 de mayo en el Círculo Teatral (Veracruz 107, Col. Condesa Parque España). Pieza de interesante factura dramatúrgica, que fue estrenada por primera vez en México bajo la dirección de Ludwik Margules y con las actuaciones memorables de Ana Ofelia Murguía, Delia Casanova y Margarita Sanz, en los años noventa, en esta ocasión sube a escena con decoro, pero sin lograr la hondura necesaria tanto en su puesta escénica como en las interpretaciones. Desde luego, Emoé de la Parra es una excelente actriz —ahora autodirectora—, pero no logra llegar al fondo de la complejidad de su personaje, quedándose en la superficie del mismo, quizá por haberse autodirigido y no haber entendido a profusión la gama dramática, de tonos, sensaciones, giros anímicos y visiones histriónicas e intelectuales de la Señora Klein.
A su vez, las muy jóvenes e inexpertas actrices que la acompañan no pueden llegar no sólo a dar réplica a Emoé de la Parra, sino que se muestran incapacitadas para crear personajes congruentes y sólidos. En pocas palabras, los personajes les quedan muy grandes. No pueden con ellos y desbarran en caricaturescas caracterizaciones, envestidas en un vestuario que no posee ningún trabajo estilístico ni de época, y espeta una factura muy pacota (por ejemplo el vestuario de Paola Izquierdo, sin ánimo de hacer una mal humorada, parecería un vestido propio de una fiesta de XV Años de cualquier barrio popular mexicano). La iluminación, el manejo de atmósferas y la misma escenografía quieren ser una mezcla entre surrealista y cubista que no apoyan el devenir escénico y la hacen una representación cansina, monocorde, plana.
Por desgracia las comparaciones siempre son malas, pero en este caso, se echaba mucho de menos, volaba la nostalgia hacia las enérgicas, impecables, magistrales, excelsas actuaciones de Murguía, Sanz y Casanova, y esa puesta en escena brillante y conmovedora de Margules.
Emoé de la Parra ha hecho su mejor esfuerzo, sus creativos y actrices la han apoyado. Infortunadamente los resultados fueron muy inconsistentes en esta bien intencionada dramatización de Señora Klein, loable por permitirnos encontrar de nueva cuenta con un gran texto teatral, clásico contemporáneo del teatro del fin del siglo XX.
