Las mujeres del mundo están a salvo gracias a la increíble estrategia que se gestó precisamente en la capital de México, la ciudad que a partir de ahora será conocida como la cuna de la salvación y la protección sin par de las féminas.
Nunca más mujeres acosadas, agredidas o violadas. Jamás, jamás, volverán a sufrir de miradas lascivas, videograbaciones de su ropa interior en el transporte colectivo, de comentarios inapropiados o toqueteos forzados.
A partir de hoy, todas las mujeres mexicanas -y seguramente muy pronto las de todo el mundo, cuando se copie la estrategia lanzada en la Ciudad de México-, podrán vestir como les dé su bendita gana, sin el mínimo temor a ser acusadas de “provocar” las más bajas pasiones de los malditos que gustan de acosarlas. Nunca más, no señor.
Y entre la revolución que ha generado esta grandiosa estrategia de protección a la mujer, la imagen del salvador que derrocó de su nicho a los dioses más poderosos de la historia fantástica como Ra, el egipcio; Zeus, el ser supremo de la mitología griega y Odín, el señor de la magia, la sabiduría y la muerte; se levanta poderoso y retados de los malandrines: el jefe de gobierno, Miguel Ángel Mancera.
Pero además de resolver este grave problema social que azota a cientos de mujeres en una de las ciudades más grandes del orbe, Miguel Ángel Mancera logró despertar una de las campañas negras más prodigiosas de todos los tiempos: #ElPitoDeMancera.
Y junto a la célebre frase que ya recorrió tres veces el ciber-espacio, hay muchas otras frases derivadas de la misma y de la propia estrategia fantástica que provocó que al grueso de los habitantes de esa ciudad se les cayera la quijada por el asombro.
¿Quién duda ahora que el siguiente paso en la carrera política del jefe de gobierno no sea la silla grande?, ¿quién podría acaso poner en tela de juicio que si hay un candidato viable para la presidencia por el Partido de la Revolución Democrática –y de cualquier otro partido que quiera abanderar-, no es Miguel Ángel Mancera?
El jefe de gobierno le dio así al traste a todas esas hipótesis que afirman que para abonar a la seguridad de las comunidades, es necesario resolver diversos factores sociales, como iluminar calles y espacios abiertos, mantener un número determinado de elementos policiacos o endurecer los castigos de quienes acosan, violentan o agreden a una mujer.
Conociendo la inteligencia del susodicho, retratada claramente en su insuperable estrategia (fase uno, por cierto), se antoja difícil pensar que él -o sus asesores-, no vislumbraron el impacto que su fabulosa acción generaría con el pito blanco y rosa -muy sui generis, por cierto-, que ya portan en sus bolsos las capitalinas.
La humildad con la que el propio Mancera tocó su pito y gritó “por las mujeres”, lo dice todo. ¡Dios salve al héroe!
