Imagina el siguiente escenario: vas caminando por la calle, observas un parque y decides sentarte. Respiras profundamente, cierras los ojos y optas por ya no vivir en casa: tu madre fuma mucho y vive con un señor que si lo interrumpes al tener relaciones sexuales con ella terminas siendo golpeado, luego el bullying que sufres por ser “diferente” e ir caminando por los pasillos del colegio y que te gritan de manera constante “marica”; también la necesidad de ir al psicólogo para poder habar bien de ti, conocerte y aceparte. “¿Pero aceptarme de qué?”. La duda podría persistir… “¿Y si en verdad lo soy?, ¿tendrán razón mis compañeros?”. Estar con tu novia y tener que pensar en otra chica, ¿o chico?, para poder tener relaciones sexuales. Descubrir que estás enamorado de tu profesor de inglés y decir “no es el indicado”. Conocer a otro chico y decir “éste es el indicado, por ti podré aceptarme tal como soy”, utilizando el lenguaje coloquial, “rifártela” y darte cuenta que nunca serías protagonista de los tantos cuentos de hadas que leías.

Chris Pueyo (Madrid), conocido en las redes sociales españolas como Peter Pan, con sus 22 años, comparte en el libro El chico de las estrellas (Destino, 2016) la travesía que un chico tiene que emprender para poder asimilar su homosexualidad. Y quiero hacer hincapié en la edad del autor porque sorprende su cultura artística, sin importar la rama que sea (por supuesto con una mayor inclinación hacia artistas propiamente gays y no necesariamente hombres), la cultura popular juvenil actual, o por la genialidad que tiene al mostrar las situaciones de su día a día o por lo intimista que puede volverse el libro. Así como otros detalles que a continuación mencionaré.

Cuando decidimos comprar o conseguir un libro es porque nos lo recomendaron, en el mejor de los casos, o por una necesidad escolar. Habemos personas que entramos a una librería, recorremos los pasillos y sólo miramos, nos atraen las portadas, lo tomamos y a partir de ella y la cuarta de forros podemos decidir en llevárnoslo o no. El libro de Pueyo nos revela mucho con el diseño y con la cuarta de forros: “Érase un niño que jamás vivió más de dos años seguidos en una misma casa, así que decidió pintar las paredes de todas sus habitaciones con estrellas […] Es hora de bajar al barro, equivocarse con una princesa y terminar encontrando a un príncipe… ¿o no?”. De esta manera intuimos el contenido, una novela gay. ¿Pero es en verdad una novela lo que vamos a leer?

El narrador de la historia es una primera persona, es decir un yo quien escribe, quien se confiesa, nos habla y apoda cariñosamente como “duendecillo”. Luego pide una disculpa por el atrevimiento, es necesario llamarnos primero “querido lector” para que cuando entremos en confianza él pueda cambiarnos el mote y así compartirnos su más grande secreto: mirar el cielo estrellado, cerrar los ojos, pedir un deseo y soplarle a la luna.

Y es en el capítulo 13 donde se cuenta ese secreto y presenta una característica peculiar: “este capítulo será escrito en minúsculas como prueba de mi libertad”. Y es donde podemos ver un parteaguas en la narración, un antes y un después en la vida de El Chico de las Estrellas. Casi al final del mismo leemos “mi duendecillo, el chico de la estrellas y yo. el lector, el protagonista, y el autor, soplando tres lunas, como si estuviéramos en idhún, en distintos momentos temporales”. Donde El Chico de las Estrellas es Chris, el mismo Chris autor, una fusión entre personaje y narrador. ¿Entonces es una autobiografía?

Justo esa es la cuestión, ¿es una novela gay o una autobiografía gay? O más bien, ¿la creación de personajes como El Chico de las Estrellas, La Dama de Hierro, La Mujer Que en Vez de Respirar Fuma, La Arquitecta de Sonrisas, Lady Madrid, El Chico Más Guapo del Mundo, entre otros, quienes representan a familiares y amigos del autor nos hacen dilucidar que estamos ante una autobiografía novelada? Inclusive, con características transmediáticas, por la alusión/invitación al blog del autor y a su vez la metanarración (el primer cuento que escribió y ganó un certamen literario o un cuento sobre un caballito de mar que funciona como alegoría de su propia vida).

¿Cuántas veces no ha pasado que al leer un libro hay algo que nos seduce y que con el golpe de efecto inmediatamente demos vuelta a las páginas y continuar leyendo? Con El chico de las estrellas pasa algo peculiar. Sí, hay efecto y quieres perseguir al personaje, mas los capítulos son tan potentes que es necesario detener la lectura, respirar, pensar cómo es posible “hacer Navidad entre las piernas” y seguir leyendo con esa duda presente.

El chico de las estrellas es un texto que muestra una realidad vista desde el interior, con un lenguaje sencillo y juvenil, los distintos problemas que puede tener un joven en asumir su homosexualidad (los autoengaños) y aquellas “defensas” que puede crear para poder continuar su vida (aliados como superhéroes). Es, además, uno de esos libros que los jóvenes quienes sufren acoso por su orientación sexual podrán sentir empatía con El Chico de las Estrellas, por compartir situaciones similares. Inclusive, puede que haya personas quienes digan “me hubiera gustado tener este libro en mi proceso de aceptación gay”.