El escritor gallego Ramón del Valle-Inclán llegó a considerarse, no súbdito español, sino “ciudadano de la lengua española”. Lo anterior no sólo se constata por su primer influjo modernista y por las Sonatas, sino sobre todo por las combinaciones lingüísticas de su “novela de tierra caliente”: Tirano Banderas, publicada por vez primera en 1926. Tres años antes, en una carta a Alfonso Reyes, con fecha del 14 de noviembre de 1923, comenta Valle-Inclán que trabaja “en una novela americana: Tirano Banderas. La novela de un tirano con rasgos del Doctor Francia, de Rosas, de Melgarejo, de López y de Don Porfirio. Una síntesis el héroe, y el lenguaje una suma de modismos americanos de todos los países de lengua española”. Por ello esta obra, con influjos del cubismo y del expresionismo (fuente de los “esperpentos”), es también uno de los primeros grandes experimentos lingüísticos del siglo XX en la lengua española.
Sin embargo, debe también tenerse en cuenta la síntesis histórica, y no sólo la lingüística. Existe una fuente importante: las dos crónicas sobre el primer tirano de América, Lope de Aguirre. Emma Speratti advierte una serie de paralelismos entre las crónicas sobre Aguirre y la obra de Valle-Inclán. Tanto en la Jornada del río Marañón como en la Relación verdadera, Enríquez de Orellana corre con mala suerte por haberse emborrachado “el día antes”. Lo mismo sucede con Domiciano de la Gándara en Tirano Banderas, quien se emborracha durante el juego de la ranita y rompe unas copas. Asimismo, hay notable semejanza entre la fuga de Domiciano y la de Pedro Alonso González. Aguirre se enfada con él porque no le había hecho un tambor y lo amenaza con hacer un tambor con su propio cuero si no se lo entrega. Pedro Alonso huye y, como Domiciano (que le pide ayuda a Zacarías el cruzado), se refugia con los indios y le grita a los acompañantes de Aguirre que se pasen al bando del rey: intenta una revolución contra el tirano, como sucede con el coronel de la Gándara en la novela. Por último, tanto Banderas como Aguirre matan a sus hijas para que no sean ultrajadas por los respectivos bandos contrarios. Speratti cita un fragmento de la Relación verdadera, donde encuentra la génesis del nombre del personaje Santos Banderas. Allí se dice que el tirano se quejaba como si su empresa fuera santa, y luego que se distribuyeron los miembros de Aguirre como si fueran reliquias de santo. Se afirma que Aguirre enarbolaba una bandera de sangre. Pero en la figura del tirano literario, además de las fuentes mencionadas, se perciben Victoriano Huerta y Primo de Rivera. En Banderas se reúnen dictadores de varias épocas y países, de ahí la necesidad de utilizar escenografías que correspondan a tiempos anteriores.
Valle-Inclán visitó México en 1892 y en 1921. La última, invitado por Obregón con motivo del Centenario de la Independencia. La influencia de nuestro país en su obra es indiscutible, además de que aquí inició su carrera literaria. Valle-Inclán no pudo resistir comprometerse con la realidad hispanoamericana y en Tirano Banderas nos describe, a diferencia de José Mármol (autor de Amalia), a un dictador que puede pertenecer a cualquier país de América Latina. Los modismos, expresiones, términos y otros elementos dialectales corresponden a varias regiones, con lo cual el autor no ha querido ubicarnos en un país determinado.
