¿Que nos pasó?

 

Al pergeñar estas líneas para nuestra revista Siempre! a media semana de que nuestros lectores las tengan a su vista, nos estamos enterando de que la concentración de ozono es superior a 150 y que por lo tanto, la calidad del aire es mala y se decreta, una vez más, el doble “hoy no circula”, y por tercera vez en una semana a las mismas placas “rojo y azul”, con lo que esto implica para la logística de los habitantes del área metropolitana.

Expreso que esto ya no es contingencia, en tanto que en términos del Diccionario de la Real Academia Española significa riesgo, posibilidad de que algo suceda o no suceda, que algo acontezca o no acontezca, y lo que estamos viviendo, ya dejó de tener ese carácter de eventualidad, es ya, casi, una medida permanente.

En el pasado no muy lejano, estas contingencias acontecían una vez en el verano y en las fiestas patrias o en año nuevo, cuando en estas dos últimas conmemoraciones nuestros compatriotas cometían la salvajada de quemar llantas para celebrar. La medida desde luego se contempló desde que se creó la política pública en los últimos años de los ochenta del siglo pasado.

¿Que nos ha pasado? Estimo que persistencia, constancia y, sobre todo, voluntad de instrumentar las medidas previstas, empleando toda la fuerza del Estado. Algunas medidas se abandonaron por presiones políticas de corto plazo de organizaciones sociales, otras por consideraciones de clientelismo político por la alternancia del 97, en que hubo un cambio en la gobernanza de la hoy Ciudad de México.

Hoy, escuchamos de los habitantes de la ciudad que el problema es el transporte público de pasajeros, autobuses, microbuses, taxis, combis —que sobreviven—. La instrumentación de esta política pública, desde hace veinte años o más preveía la modernización del transporte público por unidades nuevas y migrarlas al uso de gas. ¿Que paso?, se abandonó esta medida.

Para el caso de vehículos del servicio público de la capital: ambulancias, patrullas, camiones de basura, se debe modernizar la flota y pasarla a gas, y respecto del servicio de transporte público eléctrico, reflotar el servicio, modernizarlo y ampliar los recorridos. Observamos que, excepto una parte del parque vehicular en óptimas o buenas condiciones, las unidades que prestan este servicio son de las que más contaminan. Y el transporte eléctrico quedó para museo del siglo XX.

Otra medida prevista era modernizar el parque vehicular mediante la oferta por parte del gobierno local de la compra de las unidades de más de diez años, adquiriéndola a precio de libro azul y otorgando un financiamiento blando para la adquisición de nuevas unidades. La presión demagógica de “los abajo firmantes” trasmutó esta medida en ataque contra los pobres y la volvieron medida de lucha electoral, aduciendo que esta deschatarrizacion sólo beneficiaba a la burguesía.

Se instrumentaron también medidas para evitar el ingreso de autotransporte de carga, tipo tráiler, en la ciudad, y el reparto de mercancías en horas nocturnas, como se hace en las grandes capitales del mundo, sólo que la presión de los transportistas la derritió como pompa de jabón.

Adicionalmente, se consideraban medidas para sacar de la zona metropolitana las industrias que en sus procesos industriales emitieran gases contaminantes al ambiente o, en su caso, obligarlas a usar filtros especiales. Ésta es una medida que debiera evaluarse específicamente.

En conclusión, debemos revisar qué se ha hecho, e implementar, ahora sí con carácter, decisión y voluntad política, medidas que pueden paliar el problema, y en el mediano y corto plazo solucionarse.