El interés por hacer crítica es tan antiguo como el origen mismo de las manifestaciones artísticas y culturales en los seres humanos. Es casi seguro que el arte, la música y la literatura fueron las primeras disciplinas que se sometieron a opinión, examen y juicio. Posteriormente debió ser el teatro, el cine, el periodismo y otras más. La actividad de criticar para posteriormente expresar una opinión en torno a una creación, debió ser al inicio de manera visual, posteriormente de forma escrita. Los mejores juicios han estado fundados siempre en la lógica, la ética y la estética. Los otros, que constituyen casi la totalidad, están basados en la descalificación, la negatividad y la complacencia.
La gran mayoría de los críticos se han formado gracias a algún curso “universitario” recibido; a que han creído que con leer la sección de libros de cualquier diario o revista, basta; que con escribir una cuartilla, calificando de éxito o de escaso valor una obra, sin conocerla; o simple y sencillamente navegar por la Internet, buscando sitios de interés general. La verdadera crítica para cualquier dominio cultural no sólo debe ser argumentativa y analítica, sino también de investigación y de conocimiento total de la disciplina. Igual, basados en una lectura política y sociológica, que al final pueda convertirse en una especie de creación literaria.
Pero eso no es todo, el crítico no nace, más bien se forma entrevistando a los artistas, autores, actores, directores y público, nunca desde la comodidad del cubículo, sino “viendo cómo se construye sobre un espacio vacío el mundo de la ficción”. Se aprende escribiendo, teniendo correspondencia con el objeto de estudio, para lo cual es necesario saber pensar. Para ello, debe saberse utilizar la inteligencia, la imaginación y la creatividad, mismas que nos lleven al juego de las ideas y a su discusión. No hay un método eficaz, pero quienes se han dedicado a la crítica se han iniciado en el reportaje, después en la reseña cultural, posteriormente en el ensayo, y finalmente en la crítica imparcial, vehemente y política. He aquí la importancia de la palabra y el diálogo que ejerce la crítica como punto de partida para conocer otras distintas miradas sobre eso que nos interesa.
La divulgación de la crítica está fuertemente ligada al periodismo cultural. Hoy en día son muy pocos los espacios existentes que permitan este tipo de género en sus páginas. Los periódicos y revistas le apuestan más a la publicidad comercial y política que a difundir los avances de la ciencia, la técnica, el arte y la cultura, evitando así controversias innecesarias, por lo que la crítica pertenece ya a la nostalgia de aquellos tiempos. Esta grave falla y pérdida de socialización cotidiana del pensamiento, no permite ver con claridad el desmontaje de una obra, mucho menos estar siempre de lado del espectador.
En alguna ocasión el poeta mexicano Octavio Paz, expresó: “Un pensamiento que renuncie a la crítica, especialmente a la crítica de sí mismo, no es pensamiento. Sin crítica, es decir, sin rigor y sin experimentación, no hay ciencia; sin ella tampoco hay arte ni literatura. Inclusive diría que no hay sociedad sana. Nada hay sagrado para el pensamiento crítico”.
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