Donald Trump ha pasado para muchos como un payaso pero su actuación exagerada contra una buena porción de países no es juego, es una amenaza real. Para México, entre muchas amenazas más, ya dejó claro Trump que bloqueará las remesas para que nuestro país pague el muro. Para el mundo, el candidato a la presidencia de Estados Unidos, ha abierto la idea de que algunos países deberían hacerse con su propio arsenal atómico, es una franca amenaza de lanzar una bomba sobre el orden mundial. Todo este panorama pareciera pertenecer más al territorio de la ficción que a la realidad. Algo así me sucedió con una novela que he vuelto a releer y me llama la atención algunas notas que guardé en esas páginas, y que de alguna manera parecen adelantarse al esquema propuesto por el precandidato republicano: Una guerra contra los latinos. Estados Unidos se siente amenazado con tanta gente que entra a su territorio. La sobrepoblación expone una realidad caótica, la medida tiene que ser drástica: el aniquilamiento de varias ciudades latinas.
El panorama que nos dibuja Andrés Gutiérrez Villavicencio (Ciudad de México, 1982) es el de la ficción: Estados Unidos le apuesta al exterminio humano y con ello apoderarse del territorio latino, pero hasta dónde podemos ver esta situación con los tintes de la ficción, más bien, esta estupenda novela del escritor egresado de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, de Lengua y Literaturas Hispánicas, quien realizó ahí mismo la maestría en Letras Latinoamericanas, es una muestra de poder desarrollar un planteamiento ubicado en la frontera de la realidad y la ficción.
La condición humana en Los que deambulan sin sentido hace su clara intervención en esta guerra que bien se llama la Tercera Guerra Mundial, que encabeza el bloque asiático y americanos con todo tipo de armas: químicas, bursátiles, computacionales…
La primera novela de Andrés Gutiérrez Villavicencio cuenta con dos aspectos fundamentales: el trazo de la historia con personajes que no se desbordan y su narrativa de medidas metáforas, con ello sostiene al lector y lo hará regresar, por las pausas que haga a esta lectura de 530 páginas.
El escenario expuesto es la enorme población en el mundo que amenaza al planeta. Y como medida para “salvar” la Tierra es el aniquilamiento de la gente; el ataque apunta a algunas ciudades de Latinoamérica. El planteamiento es que en el futuro proyectado, Estados Unidos sigue siendo potencia y desde el país vecino se idea, y se lleva a cabo, arrojar bombas biológicas, entre otras ciudades importantes del país, a la Ciudad de México, cerrando sus fronteras con otros estados. Varios personajes se encargan en desarrollar la historia donde habrán de contaminarse con esa sustancia infinidad de personas. Tal contagio los deja convertidos en zombis, y ante ellos, para la gente inmune, existen pocas salidas. Sin embargo, un grupo de jóvenes se entera de buena fuente lo que está por suceder en la Ciudad de México, por ello sacan, en algún caso con engaños, a los más cercanos, y con posibilidades de sobrevivir. Derek, personaje principal, es quien maneja la información de lo que acontecerá y comanda la defensa, por ello, consigue para él y para otros más, trajes que los pueden proteger de aquél mal que está en el ambiente. Para fortuna de ellos, descubren que la sustancia pierde efectividad poco tiempo después de haber sido rociada.
Los que deambulan sin sentido retrata una sociedad mexicana, aún más, en decadencia. El individualismo marca la principal señal de la desaparición. Y, por otro lado, la novela de Gutiérrez Villavicencio nos abre la mirada a la respuesta que Einstein diera ante la pregunta de “¿Cómo supone usted que será la Tercera Guerra Mundial?”: “No sé cómo será la Tercera Guerra Mundial pero lo que sí sé, es que la Cuarta será con piedras y palos”.
