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En la CDMX, el abstencionismo de 72% deslegitimó el malhadado constituyente y su dizque Constitución.
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Elecciones 2016

La jornada comicial de este 2016 aún no culmina y estamos testimoniando el repique de campanas de algún sector de la derecha que califica de históricos los resultados, porque efectivamente nunca habían ganado tantas gubernaturas de un jalón, y olvidan por los repiques de campana de esta victoria pírrica, que en el año 2000 ganaron nada menos que la Presidencia de la Republica.

Y afirmamos lo anterior, en razón de que sólo hace un año, el electorado en las elecciones intermedias de este sexenio votó de manera diferente, lo que evidencia lo volátil del ánimo ciudadano en los procesos comiciales, y algunos olvidan convenientemente que también hace cuatro años, después de dos sexenios de alternancia, el voto ciudadano expulsó al PAN de la Presidencia y regresó al PRI. Y habría que tener presente la máxima ineludible de que, en política, ni los triunfos ni las derrotas son para siempre.

Lo anterior, en virtud de que ya algunos se sienten de regreso en Los Pinos y se arrogan, o eso pretenden, el ánimo ciudadano de hastío, de ira social contenida, que se tradujo en voto de castigo en contra de malos gobernantes que con sus innegables actos de corrupción rampante insultaron la inteligencia de sus gobernados. Por tal razón, antes de hacer fiestas y sentir que ya hasta ganaron el 2018, debieran reflexionar, analizar, ponderar hasta donde sus resultados electorales obedecen al rechazo, al repudio, al ánimo ciudadano de cambio, que un voto consciente a favor de su partido.

Lo que es un hecho incontrovertible es que el PRI perdió estos comicios, que perdió gobiernos estatales como producto de un mal ejercicio del poder, que en Veracruz y Chihuahua contaron mucho las acusaciones de corrupción en contra de los ejecutivos salientes, que en otros casos seleccionó pésimos candidatos o que los candidatos naturales migraron a la oposición por la imposición de candidatos sin prestigio social, ni militancia, seleccionados por amiguismos o compadrazgos.

Esta elección será recordada también por otros factores. Entre ellos, que pese a todo, pese a la descomposición social, a la violencia delincuencia que no puede negarse, a la percepción de que el narco se había apoderado de los comicios, la jornada se desarrolló sin actos de violencia extrema y sólo se presentaron actos violentos aislados, sin mayores consecuencias.

También, sin duda, se le recordará como el culmen de la guerra sucia —en mala hora importada a nuestro país— de una campaña donde se privilegió la polarización, el insulto, la calumnia, la infamia, por encima de las propuestas, del debate. Y pese a algunas voces aisladas, que defienden una campaña de “contrastes”, por una vez estaremos de acuerdo, con reformas electorales para acotar esta práctica insana.

Otro tema para rememorar y ajustar es el agotamiento del modelo de comunicación social; las encuestas, los sondeos, la información en prensa, radio y TV están agotados, lo de hoy y del futuro son las redes sociales. Toda la información de los medios tradicionales y los productos de las casas encuestadoras se equivocaron y con ellos la comentocracia.

Y estos últimos y algunos politólogos que, por ejemplo en 2000, con la alternancia, ordenaron los servicios fúnebres del PRI hoy repiten su error, y cantan las exequias de ese partido y estimo que vuelven a errar. Aún falta que trascurra 2017 y, entre otras, la elección del Estado de México y, por supuesto, la elección de 2018. Como diría el cronista beisbolero, esto no se acaba hasta que se acaba.

Lo rescatable y loable es que los ciudadanos votaron, su voto contó y se contó bien y decidió un cambio, lo que es un ejercicio de democracia electoral no desdeñable; sólo en la Ciudad de México, donde algunos afirman que existe un electorado mayor preparado y consciente, el abstencionismo de 72% deslegitimó el malhadado constituyente y su dizque Constitución.