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Lo que me asombra es que, yo sepa, el papa Francisco todavía no ha definido ex cathedra y con infalibilidad una nueva posición de la Iglesia frente a la homosexualidad y el arco iris.
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El gran riesgo de Peña Nieto/II-III
La reciente proposición presidencial en torno al matrimonio entre miembros de la compleja comunidad gay-lésbico-trans-bi y no sé que más sexual, o sea lo de la bandera no tricolor sino con los gloriosos colores del arco iris ha generado una conmoción política aumentando, entre otras cosas el “mal humor social”, pero además un polémica y una polarización a la que no vemos una fácil solución.
Y si la propuesta presidencial era ganar popularidad, mucho me temo que fue contraproducente y que no convenció a lo que llamaremos los “progresistas”, que han acusado siempre al poder de ser autoritario y que tienen muy presente la disolución del Estado laico, para complacer a Su Santidad Bergoglio hace sólo unas cuantas semanas.
Pero por otra parte, ciertos priistas tradicionales, como César Augusto Santiago, declara a una revista de oposición: “¿Qué vamos a ofertar si un día amanecemos ultracapitalistas, otro socialdemócratas, en otro vendemos el petróleo y luego nos vamos a la ultraizquierda, al apoyar bodas gay y la agenda de los homosexuales”.

Y esto, repito, lo dice un priista que me temo representa el sentir de muchos tricolores. Sólo que yo disiento de lo que dice Santiago, porque no creo que lo de la tolerancia y apoyo al movimiento gay en el mundo sea una posición de la ultraizquierda, sino de lo que prefiero llamar el neoliberalismo moral inventado por ciertos grupos de poder norteamericanos que se ha convertido en la doctrina “progresista” en el mundo occidental dominado por el neoliberalismo.
Una postura que no comparte ni el islam ni Rusia (no sé si los misteriosos chinos lo hagan) o sea que más bien esto es cosa de cierta burguesía que juega al liberalismo… y me pregunto qué dirán al respecto los partidarios de Donald Trump…
Por otra parte, en la misma revista, Sabina Berman ataca al “engreído” obispo de Veracruz que declaró que la pérdida del PRI se debió a la iniciativa de Peña Nieto y acusa al obispo de no seguir “el consejo del mismo papa Francisco de no fijarse tanto en los genitales ajenos, y sí más en la pobreza y la injusticia, el obispo cree que el mal de la tierra se cifra en la morfología genital de la gente que hace el amor”.
Lo que me asombra es que, yo sepa, el papa Francisco todavía no ha definido ex cathedra y con infalibilidad una nueva posición de la Iglesia frente a la homosexualidad y el arco iris, lo que sería ir contra una tradición milenaria y el claro testimonio y condena de la Sagrada Escritura que para el Papa es verbum dei. La cosa va más allá de la morfología de los genitales, mucho me temo.
La articulista Berman, que en general leo con agrado, cree que el obispo, que representa a tantos miembros de la jerarquía y a tantos católicos, vive una ilusión en “su idea de triunfo hasta que la realidad se la esfume”. Quizá, pero no será tan fácil, la realidad suele ser terca y poco complaciente.
