Charla con Sandra Frid | Autora de La danza de mi muerte
Sandra Frid es una de las voces más interesantes de la literatura mexicana reciente y aunque sus primeras novelas son de ficción, cautivó a los lectores con sus novelas históricas y biográficas donde ha abordado, entre otros, a Edith Stein (Luz entre cenizas), filósofa judía convertida al catolicismo y canonizada recientemente con el nombre de Santa Benedicta, y Alfonso Reyes (Reina de Reyes), personajes nada fáciles de comprender en toda su complejidad y mucho menos de ser novelados, aunque Sandra lo logra en forma admirable.
Caso indignante
“Dicen que las vidas «felices» no son novelables —señala la siempre sonriente Sandra, quien ha cursado diversos diplomados en historia de la mujeres, novela histórica y literatura israelí—. Sinceramente siento que, más que yo buscarlas, ellas se han cruzado en mi camino. Cuando leí la biografía de Edith Stein yo no tenía idea de su existencia, y todavía es un misterio para mí cómo fue que esa biografía me salió al paso en la pantalla de mi computadora y me apasionó al grado de ir en pos de su historia”.
Amante de los retos, esta diseñadora y filósofa mexicana opta ahora por desenmarañar uno de los casos más indignantes en el largo historial de impunidad en México: el secuestro y asesinato de la bailarina y escritora Nellie Campobello (1900-1986), a través de otra novela luminosa: La danza de mi muerte.
“Mi interés por Nellie Campobello —dice Sandra— surgió hace unos años, cuando por encargo participé en una antología de cuentos sobre personajes en la historia de México. Me encontraba leyendo un libro que ella escribió: Cartucho. En el prólogo leí una semblanza de Nellie y, como estaba yo escribiendo en ese entonces una novela sobre Alfonso Reyes, Reina de Reyes, decidí terminarla, y después volver a Nellie, investigar a fondo quién era en realidad. Así descubrí que su vida está rodeada de misterios, algunos de ellos anteriores a su secuestro; desde su fecha de nacimiento, su nombre y, por supuesto, su desaparición”.
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A pesar de ser una historia con un final doloroso, hubo momentos que me resultaron divertidos.
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Meterme en la piel del personaje
“Escribir La danza de mi muerte me llevó casi cuatro años —continúa la también autora de Mujer sin nombre—. Empecé a investigar y a escribir casi al mismo tiempo, aunque después debí corregir o agregar páginas sobre mis nuevos descubrimientos”.
La idea original de Sandra era escribir una novela biográfica, pero la misma naturaleza de su personaje la llevó a escribir un thriller, que es como leerán esta novela quienes no están compenetrados con el personaje de Nellie, que aparece, alternadamente, como una joven y sensual bailarina de gran temperamento y una anciana vulnerable atrapada en un cuarto de su propia casa, narrando bajo efecto de narcóticos que distorsiona su terrible realidad y le permite retornar a su dorada juventud.
…Dependiente, ¡yo!, que nunca me perdía las reuniones de María Izquierdo donde Villaurrutia, Tamayo, la Vicens y yo, empezábamos la fiesta, luego la seguíamos en el Tenampa; más tarde, para bajarnos el cuete, entre risas, íbamos a comer panuchos o pozole. No lo negaré, a veces terminaba desnuda en una fuente de la Alameda. ¿Y qué? Mi desnudez a nadie ofende, ¿o sí? Claro que no, reía Juan Soriano, con tu belleza, Nellie, puedes hacer lo que te dé la gana” (p. 33).
Pese a haberse distinguido siempre por su fuerza de carácter, Nellie comete un error fatal al confiar en una de sus alumnas, María Cristina Belmont y el esposo de ésta, Claudio Fuentes, quien junto con sus hijos terminarán convirtiéndose en sus carceleros y asesinos. Este crimen quedó irresuelto y, por supuesto, impune, gracias a las relaciones de la siniestra pareja con funcionarios del salinismo. En algunas partes de esta novela, Sandra les da voz —que no rostro— a los verdugos de su protagonista.
Para lograr narrar desde los zapatos de los criminales, Sandra recurre a métodos casi detectivescos: “Para entrar en el personaje de Claudio y María Cristina, sus captores, como lo he hecho con otros personajes de los que he escrito, intento meterme en su piel, imaginar lo que haría alguien con su perfil, incluso busco algún escrito y si logro tener acceso a su letra, cotejo rasgos de personalidad a través de libros de grafología. También averiguo, si es posible, su signo zodiacal y el entorno en el que crecieron y el medio en el que se mueven… qué los motiva a llevar a cabo actos tan viles”.
Otro personaje esencial de esta novela y de la vida de Nellie es el escritor Martín Luis Guzmán (1887-1976), su gran amor y en gran medida heredero de las vivencias revolucionarias que ella no alcanzó a plasmar. Sandra señala que no le costó trabajo recrear las escenas íntimas entre Nellie y Martín Luis pues muchas de ellas están consignadas en la correspondencia cruzada entre estos dos personajes.
Cuando uno ingresa a La danza de mi muerte, narrada en primera persona por la mismísima Nellie, quien conozca el estilo de esta autora se topará con una sorpresa: un eco de las voces que escuchó en libros como Cartucho o Las manos de mamá.
“Pretendí emular la voz de Nellie —dice Sandra— o cuando menos evocarla, y para lograrla leí y releí textos de su autoría y me impregné de su estilo, haciendo lo posible por igualar mi voz a la suya, asimilando incluso su peculiar lenguaje”.
Secretos y complicades
“A pesar de ser una historia —agrega Sandra— con un final terriblemente doloroso, de sufrirla durante algunas páginas, hubo momentos que me resultaron divertidos, como cuando Nellie quiere manejar y sin más se sube a un coche de sitio cuyo chofer no estaba dentro del auto, ella arranca sin importarle lo que pudiera suceder. O cuando se disfraza de adivinadora y lee el futuro a quienes se le acercan. Sus facetas de artista: escritora, bailarina y coreógrafa también las disfruté”.
Pese a tratarse de una historia llena de lagunas y vericuetos policiales, Sandra asegura que no encontró obstáculos en su camino para llevarla a cabo.
Sandra Frid dice que a Nellie Campobello no se le ha hecho justicia y que aún se siguen ocultando secretos y ejerciendo complicidades. “Posiblemente —dice Sandra— nunca conozcamos toda la verdad sobre su muerte. Por lo demás, fue como si Nellie lo hubiera deseado: me fui abriendo camino en su vida con impresionante facilidad”.
Actualmente Sandra trabaja sobre la vida y obra de otra mujer célebre, pero prefiere no hablar al respecto, aunque a juzgar por su sonrisa nos reserva otra gran sorpresa.
Sandra Frid nació en Monterrey en 1959 y la novela La danza de mi muerte la publicó Planeta, México, 2016.
