Ahora que se acercan las vacaciones escolares, algunos padres volverán a observar detenidamente los dedos de sus pequeños hijos a la orilla de una alberca, con la intención de detectar signos que les indiquen que sus hijos deben salir del agua. Si ven que sus dedos están arrugados les dirán que salgan del agua, pues supondrán que las arrugas indican que se están deshidratando.
La realidad es que esa no es una señal de deshidratación, contra lo que muchas personas piensan, sino una reacción del organismo que, si bien es cierto hasta hace poco se ignoraba qué la causaba, también lo es que los investigadores ya sabían que no se debe a la deshidratación del organismo.
Un fenómeno poco estudiado
La aparición de arrugas en los dedos de manos y pies después de permanecer un tiempo bajo el agua es un fenómeno conocido por todos, mal interpretado por numerosos padres y todavía en el siglo pasado poco entendido por los investigadores.
En 1930 se tenía documentado que las personas que tenían dañados los nervios de las extremidades no presentaban las características arrugas en los dedos luego de tenerlos bajo el agua cierto tiempo. Incluso ese rasgo fue utilizado por los médicos para averiguar si el sistema nervioso funcionaba correctamente en pacientes que no respondían a otros estímulos.
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Las arrugas que se hacen en los dedos después de permanecer un rato bajo el agua podría ser una adaptación de nuestros antepasados para sobrevivir. Según estudios de los doctores Mark Changizi y Tom Smulders
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Más recientemente, con los progresos tecnológicos de la cirugía se han podido reimplantar dedos a pacientes que sufrieron la amputación accidental; en el proceso de rehabilitación se ha observado que mientras no se recupere la conexión nerviosa los dedos reimplantados no se arrugan, aunque permanezcan mucho tiempo en el agua.
Con estos datos se derrumbó la idea de que en los dedos se veían señales de deshidratación, pero no bastaron para terminar con la falsa creencia. Más aún, si efectivamente la piel se deshidratara por permanecer en el agua mucho tiempo, se encontraría arrugado todo el cuerpo. Pero la piel es un órgano impermeable que impide tanto la entrada como la salida de sustancias, en condiciones normales.
Lo cierto es que este fenómeno fisiológico apenas se ha comenzado a estudiar con profundidad, gracias a las investigaciones del neurobiólogo teórico Mark Changizi, director de Cognición Humana de 2AI Labs, institución de investigación sobre cognición y percepción en seres humanos y máquinas cibernéticas, quien realizó una comparación que a nadie se le había ocurrido.
Utilidad de las arrugas
En 2011, el doctor Changizi observó que podría haber semejanzas entre las bandas de rodamiento de las llantas y los surcos o canales que se encuentran en los dedos arrugados. El investigador planteó que así como en condiciones secas las llantas lisas se agarran mejor al asfalto (por esta razón se prefieren para los autos de carreras) y que en los pisos mojados las llantas con bandas de rodamiento se afianzan mejor a la superficie; los dedos podrían tener características semejantes.
El investigador encontró que las bandas de rodamiento de las llantas expulsan el agua de sus canales lo que aumenta su superficie de agarre. Para comprobar o descartar que los dedos arrugados actúan de una forma similar, el investigador y sus colaboradores analizaron fotografías de 28 dedos humanos mojados.
El análisis reveló que los dedos arrugados tienen canales divergentes hundidos y desconectados entre sí. “Al presionar la yema del dedo en una superficie húmeda, se exprime el líquido debajo del dedo a través de los canales, y al terminar este singular flujo pulsátil toda la piel entra en contacto con la superficie”, refirieron los investigadores en un artículo publicado en la revista Brain, Behavior and Evolution.
En su análisis, el neurobiólogo y colaboradores descubrieron que las arrugas en los dedos aparecen a los cinco minutos de permanecer bajo el agua, por lo que no se trata de un contacto incidental; además, este fenómeno se presenta más rápidamente en el agua dulce que en la salada. Este hallazgo podría ser una prueba a favor de que es un mecanismo evolutivo de adaptación en los primates, aunque hasta ahora solamente se ha comprobado que los macacos tienen una respuesta semejante frente al agua.
En otro estudio, dirigido por el doctor Tom Smulders, de la Universidad de Newcastle, Reino Unido, publicado en Biology Letters, parece confirmarse lo planteado por el doctor Changizi, ya que “hemos demostrado que los dedos arrugados dan un mejor agarre en superficies mojadas, lo que podría funcionar como las huellas de los neumáticos, que permiten que más parte de la rueda esté en contacto con la superficie y se realice un mejor agarre”, afirmó el doctor Smulders.
Estas modificaciones, según Changizi y Smulders podrían haber ayudado a nuestros antepasados a recolectar alimentos en vegetación húmeda o en arroyos; asimismo, los dedos arrugados de la piel facilitarían caminar en regiones húmedas o bajo la lluvia. Así que esas arrugas que alarman a algunos padres son producto de nuestra adaptación biológica.
reneanaya2000@gmail.com
f/René Anaya Periodista Científico
