EDITORIAL
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¿Qué va a hacer Enrique Ochoa cuando le digan que hay intocables?: ¿que este gobernador y este secretario; que aquel director, senador o diputado son inmunes, y que no pueden ni deben ser llamados a rendir cuentas ante ese o cualquier otro órgano anticorrupción?
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Cuando Enrique Ochoa Reza anunció la creación de un órgano interno anticorrupción, en la mirada de los políticos más poderosos del PRI sentados a su lado y frente a él, apareció una sonrisa y una expresión similar a la de fiera que se agazapa para devorar en silencio, y en el momento oportuno, a su víctima.
Enrique Peña Nieto, como candidato presidencial, llegó también al auditorio Plutarco Elías Calles para decir, ante esos mismos priistas, algo similar: que no toleraría corruptos en los gobiernos ni aceptaría corruptos en su administración. Y sin embargo, ahí están.
Ochoa Reza ya recibió de los cínicos, de quienes quieren parar, de una vez, el discurso anticorrupción, la respuesta. Ahí mismo, primero en silencio, luego públicamente, se mofaron, y ya lo apodan, sin más: el maestro limpio.
Hoy lo importante es saber hasta dónde quiere y está dispuesto a llegar ese joven político. ¿Hasta dónde quiere llegar el mismo presidente de la república, principal consejero del PRI, en ese tema?
La posibilidad de que el PRI gane en 2018 no depende únicamente de un cambio de dirigencia. El electorado necesita tener pruebas concretas de que el PRI ha iniciado, en su interior, una revolución estructural, ética, política y cultural.
Por eso, la insistencia: ¿hasta dónde?
¿Qué va a hacer Enrique Ochoa cuando le digan que hay intocables?: ¿que este gobernador y este secretario; que aquel director, senador o diputado son inmunes, y que no pueden ni deben ser llamados a rendir cuentas ante ese o cualquier otro órgano anticorrupción?
Las mismas preguntas valen para el gobierno federal en el caso de la acción de anticonstitucionalidad que presentó en la Corte contra tres gobernadores. Un recurso que se presentó tarde y permitió la derrota del PRI y el triunfo del PAN. Un procedimiento que, dentro de una estrategia anticorrupción, no puede limitarse a la declaratoria de anticonstitucionalidad sino que debe ser el principio de un juicio contra los responsables.
Ese tipo de pruebas claras y concretas, contundentes y sin espacio para el engaño, es lo que necesita la sociedad para volver a creer en el PRI.
Porque, efectivamente, la marca pasa por uno de sus peores momentos de desprestigio y falta de credibilidad. La identificación PRI-corrupción se ha convertido en un estereotipo cada vez más arraigado y difícil de combatir.
La causa y razón principal por la que el PRI perdió siete de doce gubernaturas el pasado 5 de junio fue lo que dijimos aquí, en este espacio, bajo un título que, obviamente, no gustó a muchos : “¡Es la corrupción, estúpido!”
http://www.siempre.com.mx/2016/06/es-la-corrupcion-y-la-impunidad-estupido/
Manlio Fabio Beltrones lo sabía, y Enrique Ochoa lo sabe también. Por eso la única carta válida con la que podía presentarse ante la militancia y el país no podía ser otra.
El hoy líder del PRI soltó, durante la ceremonia de su investidura, otra frase: “El PRI tiene que ser garante de la honestidad de sus gobiernos”.
Lo que lleva a pensar que el primer paso para evitar tener gobiernos y funcionarios deshonestos es cambiar las reglas y los criterios. Lo que menos pesa e interesa para seleccionar hoy a candidatos es la honorabilidad, la preparación o el talento. Los compadres, amigos, socios y cómplices son los únicos aspirantes “legítimos”.
Así se convirtió Javier Duarte en candidato al gobierno de Veracruz… y ahí están las consecuencias. Así llegó Rodrigo Medina al gobierno de Nuevo León… y ahí está el inicio de un juicio. Y así llegan y han llegado a ocupar un cargo, una curul, una secretaría de Estado, una dirección, muchos otros.
Y esto —no sólo robar dinero— también es corrupción.
¿Por dónde va a empezar Enrique Ochoa? Su línea discursiva ha creado expectación. La sociedad lo ha puesto bajo la lupa. La ciudadanía y no sólo los priistas honorables, que sin duda existen, sólo piden: que el sistema… no lo devore.
