[gdlr_text_align class=”right” ][gdlr_heading tag=”h3″ size=”26px” font_weight=”bold” color=”#ffffff” background=”#000000″ icon=” icon-quote-left” ]

La tecnología perfecciona la estimulación eléctrica cerebral con fines terapéuticos, pero también se empieza a usar para mejorar las habilidades deportivas.
[/gdlr_heading][/gdlr_text_align]

La empresa Halo Neuroscience

Como cada cuatro años, la tecnología y la medicina del deporte incrementan la lista de sustancias y procedimientos prohibidos para los atletas, ya que podrían modificar artificial y momentáneamente la actuación de los deportistas, lo que va en contra del espíritu olímpico.

Al final de estos Juegos Olímpicos probablemente pocos participantes habrán tenido resultados positivos en las pruebas de control antidopaje, pero algunos otros podrían haber utilizado técnicas no regulados por los organismos médicos deportivos para mejorar su rendimiento, como la estimulación eléctrica cerebral.

 

Antigua práctica perfeccionada

De acuerdo con testimonios históricos, en época de los romanos se emplearon por primera vez los choques eléctricos con fines terapéuticos. Entre los romanos se usaban las descargas eléctricas del pez torpedo o raya eléctrica (Torpedo torpedo) para que diera descargas eléctricas para combatir el dolor de cabeza y la gota; los indígenas de América del Sur también trataban la gota con descargas eléctricas pero de la anguila eléctrica (Electrophorus electricus)en China, el pez gato eléctrico (Parasilurus asota) se empleaba para combatir la caída del párpado y la parálisis facial, según refiere Chau H. Wu en su trabajo “El pez eléctrico y el descubrimiento de la electricidad animal”, publicado en la revista Elementos de enero-marzo de 2007.

Estas prácticas curativas no se popularizaron, solamente hasta el siglo pasado la medicina occidental comenzó a utilizar los choques eléctricos con fines terapéuticos. En 1930, médicos europeos observaron mejoría en pacientes esquizofrénicos y con angustia después de una crisis epiléptica, que se sabe se produce cuando hay una descarga eléctrica inusual en el cerebro.

Por esa razón se emplearon descargas eléctricas dirigidas para crisis depresivas y otras enfermedades, como estados psicóticos. Entre las décadas de 1960 y 1970 fue una terapia muy utilizada, pero la creación de nuevos y eficaces medicamentos antidepresivos, así como la presión social en contra del uso indiscriminado de la terapia electroconvulsiva lograron que se abandonara esa práctica.

Al inicio de este siglo, la Asociación Estadounidense de Psiquiatría recomendó la terapia electroconvulsiva como tratamiento seguro y efectivo para una variedad de trastornos, aunque principalmente se indicó para depresiones graves. Asimismo, las innovaciones tecnológicas modificaron los electrochoques, pues se empezó a experimentar con descargas de pulsos ultracortos.

 

Una electrizante teoría

 Actualmente se conocen y experimenta cuatro formas de estimular eléctricamente al cerebro: la estimulación magnética transcraneal, la estimulación transcraneal, la estimulación cortical (de la corteza cerebral) no invasiva y la estimulación transcraneal de corriente directa.

Esta última es la que mayor difusión ha alcanzado, no únicamente como una posible terapia contra la depresión, enfermedades neurodegenerativas como las enfermedades de Parkinson, Alzheimer, otros tipos de demencia y en daños cerebrales por accidentes cerebrovasculares, sino también como un procedimiento para aumentar la memoria y el aprendizaje. Cabe mencionar que todas estas posibles aplicaciones continúan en estudio pues se han obtenido resultados contradictorios.

La técnica consiste en colocar dos electrodos con cargas eléctricas positiva y negativa en el cuero cabelludo para enviar una descarga de baja amplitud (de 0.5 a 2 mili Amperes), que atraviesa el cráneo y llega al área cerebral previamente seleccionada. Allí, se ha planteado, la corriente eléctrica modula las respuestas inhibitorias y excitatorias de las neuronas, pero no se ha demostrado claramente.

Por lo pronto, la empresa Halo Neuroscience, creada por el doctor en neurociencia Daniel Chao, está probando un dispositivo en atletas de alto rendimiento, según refiere Mike Orcutt en su artículo “Varios deportistas olímpicos de Brasil se están «dopando» con chispazos en el cerebro”, publicado en Technology Review a principios de agosto.

Halo Neuroscience ha trabajado con atletas de alto rendimiento a quienes les envía impulsos eléctricos al lóbulo frontal del cerebro, donde se encuentra la corteza motora, responsable de la coordinación de la ejecución de movimientos sencillos y complejos.

Según Daniel Chao sus pruebas han mejorado el rendimiento de velocistas, y saltadores de vallas; sin embargo, expertos en neurociencias difieren de esa opinión, como la doctora Charlotte Stagg, directora del grupo de neuroimágenes psicológicas del Departamento de Neurociencias Clínicas de la Universidad de Oxford, quien ha advertido: “es improbables que entendamos lo suficiente como para poder emplearla con éxito para ese tipo de cosas”, ya que las pruebas que se han hecho en laboratorio son de tareas muy sencillas, y la práctica de un deporte requiere de movimientos complejos y precisos.

Lo cierto es que la compañía de Chao está empeñada en probar su dopaje cibernético en jugadores olímpicos, con la idea de mejorar sus habilidades y, sobre todo, burlar las reglas contra el dopaje.

reneanaya2000@gmail.com

f/René Anaya Periodista Científico