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Esto provocará en los jóvenes una distorsión de la realidad.
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Estado padrastro/XI-XV

Desde noviembre de 2015, la Secretaría de Gobernación modificó la política de difusión de los contenidos audiovisuales para niños y adolescentes para beneficiar el funcionamiento económico de las grandes cadenas de televisión en México, y con este fin, estableció oficialmente los nuevos Lineamientos programáticos para la transmisión de los programas grabados en televisión abierta.

Dicho cambio de política comunicativa no fue una simple decisión administrativo-burocrática del gobierno, sino representó un significativo cambio de política educativo-cultural masiva que generará, entre otras, las siguientes consecuencias para la formación de las “emociones morales” de las nuevas generaciones en el país.

  1. En el proceso biológico de conformación del sistema cerebral en la infancia, es más difícil que los pequeños realicen un trabajo mental crítico que les permita diferenciar, analizar y discriminar la naturaleza de los estímulos negativos visuales, auditivos y energéticos que reciben de la televisión, pues su tierna corteza cerebral se encuentra fisiológicamente poco madura para realizar las funciones complejas de selección mental.

Dentro de este contexto es necesario considerar que la política audiovisual derivada del corrimiento de los horarios televisivos no respalda la estimulación de las estructuras neurológicas especializadas en la solución de problemas complejos; no promueve la realización de juicios; no faculta la evaluación de situaciones; no impulsa las funciones cognoscitivas de alto orden; reduce las inhibiciones y preocupaciones de las personas, volviéndolas indiferentes a las secuelas de sus acciones, sino activa otras áreas cerebrales para lograr la diversión.

Por ello, es posible pensar que a mayor exposición constante al modelo de la televisión comercial, con rasgos salvajes (que desde hace décadas ha caracterizado al prototipo de funcionamiento de la industria audiovisual en México), se producirá menor desarrollo de la zona orbital de la corteza prefrontal que dirige la orientación de los cambios de la personalidad y de las labores analíticas.

En consecuencia, la información audiovisual que recibirán los pequeños y los jóvenes con dicho cambio normativo colaborará a afectar la corteza prefrontal (posterior y anterior) de su cerebro y de su circuito cortico límbico del sistema nervioso que es la franja neuronal que trabaja para integrar el conocimiento social con el fin de convivir equilibradamente en comunidad.

Mediante esto, la población infantil tenderá a ver de manera natural, aprobable, recomendable, imitable, los mensajes que recibirán de las televisoras comerciales sin restricciones o contrapesos críticos, pues se presentan envueltos bajo el formato del entretenimiento “atractivo”.

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Es fundamental destacar que en la dinámica de organización fisiológica de la persona en los primeros años del crecimiento humano se configuran las conexiones neuronales estratégicas del cerebro (maduración de la corteza órbito-frontal, mielinización del cuerpo calloso, establecimiento de los ritmos circadianos y la ritmicidad del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal), que posteriormente influirán en el desarrollo y comportamiento futuro del individuo adulto. Por ello, debemos preguntar qué efectos se ocasionarán para la sociedad si desde la fase de la infancia se permite que a través de la programación televisiva se graben en la neo corteza cerebral de los auditorios infantiles y adolescentes, estímulos de miedo, terror, agresión, sedentarismo, adicciones, violencia, consumismo, sexualización, morbo, humillación, que son los nuevos reactivos de los contenidos “modernos” que se aprobaron por la Secretaría de Gobernación para salvar financieramente a los consorcios televisivos.

Ante este pronóstico se puede pensar que tales flujos informativos o estímulos simbólico-culturales contribuirán a alterar la formación de las “emociones morales” básicas para conservar sanamente el tejido psíco-emocional de la sociedad como son la gratuidad, la solidaridad, el respeto, el dialogo, la tolerancia, el análisis, que son sentimientos y actitudes primarias para la integración armónica de las comunidades humanas.

Esto colaborará a provocar en los jóvenes receptores una distorsión de la interpretación de la realidad, de la responsabilidad ante los hechos, de su ubicación ante el contexto comunitario, de la visión del mundo, de la relación emocional con el otro, de su sentido de responsabilidad grupal, que son fundamentales para construir la existencia de una sociedad en equilibrio; e introducirá la formación cerebral de otras “anti emociones morales” que sólo son útiles para facilitar la expansión del proceso económico, particularmente monopólico, y no para el impulso de la hominización superior de la especie.

Triunfó el diseño neuro-emocional masivo del ser humano desde los requerimientos del mercado salvaje de la comunicación comercial privada audiovisual para incrementar la acumulación de capital, y no la construcción de la personalidad de los individuos desde los parámetros de la dinámica de la humanización que tanto urge para la fase de la “modernización” y globalización en la que se encuentra sumida la nación.

Frente a ello debemos cuestionar si este momento trascendental de la configuración de la corteza cerebral de los sujetos es fisiológicamente tan absorbente, esponjosa y maleable; paradójicamente, ¿por qué el Estado mexicano que le corresponde crear las condiciones de equilibrio para convivir con mayor armonía e integración colectiva, no promovió que los concesionarios transmitieran temas como la civilidad mínima para sobrevivir en las ciudades, la identidad esencial para incrementar la autoestima de los ciudadanos, la cultura orgánica para proteger la naturaleza, los sentimientos de cohesión comunitarios para fortalecer la nación, la honradez como ejemplo de éxito social, el respeto a la mujer como ser que propicia la vida, las virtudes edificantes como camino del crecimiento humano, que podrían crear bases psico-emocionales imprescindibles para constituir otras “emociones morales” que respaldarían la formación de otro ser humano más virtuoso?

Es necesario que el Estado mexicano recobre su responsabilidad rectora que le asignó la Constitución.

jesteinou@gmail.com