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El empecinamiento de Donald Trump en construir un muro no sólo afectaría la migración de personas, sino también perjudicaría y modificaría la fauna y flora.
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El ecosistema, otro damnificado

Por René Anaya

Hasta ahora la discusión sobre los efectos que tendría una muralla construida entre los Estados Unidos y México, se ha centrado en los problemas políticos y económicos que se generarían, pero hay otros individuos que podrían resultar seriamente dañados: la flora y fauna de la frontera.

De hecho, ya son de los primeros damnificados, pues actualmente entre México y Estados Unidos se levantan kilómetros de muros que ya han ocasionado daños al ecosistema, como sucede con toda barrera artificial.

 

elmurofrLos muros de vergüenza y destrucción

Probablemente la barrera artificial más conocida y antigua es la muralla China, que actualmente se extiende por 6 mil 400 kilómetros, la cual ha causado una redistribución de la fauna y una diferenciación genética significativa entre las especies vegetales de ambos lados de la frontera.

El libro Una barrera a nuestro ambiente compartido. El muro fronterizo entre México y Estados Unidos, coordinado por Ana Córdova y Carlos A. de la Parra, publicado en 2007 por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, el Instituto Nacional de Ecología, El Colegio de la Frontera Norte y el Consorcio de Investigación y Política Ambiental del Suroeste, reúne una serie de valiosos trabajos sobre las repercusiones del muro fronterizo.

Lyndsay Carlisle en su trabajo “Los muros y sus impactos en un contexto histórico mundial”, publicado en el libro, ofrece una breve reseña de los efectos de las barreras no naturales. Por ejemplo, la carretera de Ventura, en California, entorpeció la migración animal y produjo una diferenciación genética; en Australia, a mediados del siglo pasado se erigió el Cerco del Dingo para proteger a las ovejas de ese animal, lo cual provocó que creciera la población de canguros, porque se aisló a su depredador natural, el dingo. Otro ejemplo es el muro entre India y Pakistán que ha modificado los patrones migratorios de osos y leopardos, los cuales en búsqueda de nuevos sitios incursionan en aldeas y atacan a la población.

Otra barrera artificial, que documenta Carlisle, es el muro de la margen occidental, construido por Israel en la frontera con Palestina, que se ha convertido en una represa, por lo que en época de lluvias fuertes causa inundaciones que destruyen viviendas y cosechas palestinas.

 

La fauna ilegal

En la lógica conservadora, los animales que habitan entre las dos fronteras son ilegales, por lo que podrían quedar aislados en uno y otro lado del muro, con lo que se modificaría su hábitat, se evitaría el intercambio genético, se favorecería la proliferación de fauna nociva como ratas y algunas aves. La iluminación nocturna del muro afectaría especies de hábitos nocturnos, como depredadores, dispersores de semillas y polinizadores; asimismo, dificultaría el desplazamiento de aves migratorias nocturnas, refiere Héctor Moya en su trabajo “Posibles impactos de la construcción y operación del muro fronterizo sobre la fauna. Discusión de especialistas”, publicado en el libro referido.

Moya advierte que el muro causaría un mayor impacto en especies que tienen algún grado de riesgo, como el berrendo, el bisonte americano, el borrego cimarrón, el jaguar, el lobo mexicano, el ocelote, el oso negro, el perrito llanero de cola negra, el puerco espín norteño, el tejón, la zorra del desierto, la codorniz de Moctezuma, el guajolote silvestre y diversas especies de peces de ríos y arroyos fronterizos.

Por su parte, Rurik List en “Los impactos del muro fronterizo sobre los mamíferos silvestres”, editado en la obra ya mencionada, puntualiza que el jaguar se desplaza del centro-norte de Sonora a los Estados Unidos, atravesando las sierras, “pero como utilizan áreas donde se proyecta el muro fronterizo, su construcción detendría su recuperación natural en aquella nación”.

El perrito llanero cola negra, considera List, es una especie clave porque es presa de muchos otros animales, sus madrigueras sirven de refugio a otras especies y “modifican el paisaje haciendo un ecosistema característico, lo que permite que haya una gran diversidad en los pastizales que ellos ocupan.

En cuanto a la flora, Eduardo Peters en “Posibles impactos de la construcción y operación del muro fronterizo sobre la flora”, refiere que “la remoción de especies vegetales causa fragmentación del hábitat y esto a su vez aumenta el efecto de borde que tiene impactos negativos sobre la composición de especies, la distribución y la abundancia de las plantas”.

Asimismo, plantea que un muro causa la introducción y establecimiento de especies invasoras y exóticas, la remoción de la cubierta vegetal y la erosión; además, puede ser una barrera física para el libre tránsito de animales dispersores o de los propágulos (cualquier estructura asexuada o sexuada que sirve para diseminar, propagar o multiplicar a un organismo, como los bulbos y tubérculos).

Por lo tanto, el muro causaría graves daños ecológicos que se traducirían en pérdida de la biodiversidad y graves quebrantos económicos para ambos países, pues la modificación del ecosistema repercutiría en todas las actividades humanas.

reneanaya2000@gmail.com

f/René Anaya Periodista Científico