Por Gerardo Yong

Han pasado cinco años de una crisis que aún no se resuelve y que ha cobrado casi 300 mil personas muertas, con millones de desplazados y una tensión regional que preocupa hasta al más frío analista internacional.

El conflicto entre el gobierno sirio y los opositores al presidente Bashar al Assad se desató en marzo de 2011, poco después de la ola de protestas que causaron la renuncia de diversos gobiernos árabes conocida como la Primavera Árabe.

La tendencia no siguió el mismo patrón en el caso de Siria, pero el uso de armas químicas por parte del gobierno sirio el 21 de agosto de 2013, hizo que Estados Unidos y los países de Occidente se alinearan en una coalición internacional para intervenir en el conflicto.

Rusia logró que Siria entregara su arsenal químico bajo control internacional, una acción que abrió una nueva posibilidad de lograr una negociación diplomática regional.

SiriaEl analista internacional y geopolítico por la Universidad Newtown High School, de Queens, Nueva York, comentó a Siempre! —vía correo electrónico— sobre el trasfondo que implica la crisis en ese país y cómo repercute en la política a nivel global.

En su opinión, ¿quién está detrás de las intenciones de derrocar al gobierno sirio?

Existe una corriente de pensamiento e interpretación alternativa de los hechos políticos, que los evalúa de una manera diferente a como lo hacen los grandes medios occidentales, especialmente en Estados Unidos, nación a la que pretenden asignar toda la responsabilidad y culpa por la guerra civil en Siria, al gobierno de Bashar al-Assad y quienes lo apoyan.

Desde una visión más profunda centrada en aspectos geopolíticos, sin embargo, resulta claro que los intereses privados que hoy tienen determinante influencia sobre la política exterior de Estados Unidos necesitaban hacerse del control integral de todo Oriente Medio, no solo por el petróleo sino por cuestiones geopolíticas orientadas a frustrar toda tentativa de afianzamiento de una alianza euroasiática centrada en un potencial “eje” Berlín-Moscú-Pekín, cuyo importantísimo impacto ya lo describiera hace más de un siglo el geopolítico británico Halford MacKinder con su teoría de la “isla del mundo” como eje de control planetario.

Oriente Medio es parte clave de esa geopolítica, lo que permite entender desde la destrucción de Irak con base en mentiras flagrantes a partir de 2003, la destrucción de Libia a partir de 2011, la farsa de la Primavera árabe, y la actual guerra civil siria.

En los primeros dos casos, Estados Unidos y sus aliados lograron aniquilar los regímenes enemigos de sus intereses y del Estado de Israel, personificados en las figuras de Saddam Hussein, en Irak, y Muamar el Gaddafi, en Libia.  En ambos casos, Rusia no intervino, prefiriendo por diversas razones no enfrentar a los aliados de la OTAN.

Al procurar Washington y sus aliados hacer lo mismo con Siria en septiembre 2013, la reacción firme y clara por parte de Rusia frustró sus planes de “cambio de régimen” respecto de Bashar al-Assad, como ya se había frustrado parecida intención respecto de Irán.

No ha de sorprender que al verse frenados por Rusia en su pretendida incursión militar sobre Siria, Occidente pareciera haber optado por librar su guerra en un plano más sutil, irregular y clandestino, más centrado en la guerra psicológica, como es hacerlo a través del financiamiento, entrenamiento y armamento militar de grupos terroristas “moderados” y ”propios”, contrarios a Bashar-al-Asaad (y a Irán y los chiitas en general), pero funcionales a la geopolítica norteamericana, de Reino Unido, Unión Europea, Israel y Arabia Saudita.

Estos camaleónicos grupos finalmente se consolidaron en torno a ISIS, o ISIL, o Estado Islámico, o Califato Islámico, o “Daesh”.  
Este proceso continúa hasta estos momentos en que —imitando el conocido proceso de las fusiones y adquisiciones entre grandes corporaciones y bancos multinacionales— se acaban de “fusionar” Daesh y Al-Nusra.  Este paralelo no es en nada antojadizo, por cuanto parte de la tragedia que hoy vive Oriente Medio y la humanidad en general es, precisamente, lo que yo denomino la “privatización del poder”.

SiriaDesde 2014, la guerra de Estados Unidos y sus socios contra el gobierno de al-Asaad, en Siria, la libran ISIS y sus socios, todos funcionales a la geopolítica estadounidense. Ello explica por qué Occidente sigue bombardeando a las fuerzas de al-Asaad, incluso “por accidente”, al tiempo que Rusia ofrece como contrapeso sus ataques certeros contra ISIS y otras organizaciones terroristas financiadas y armadas por Occidente.

Daesh es creación de EU 

Hay expertos que opinan que la cuestión siria es como si fuera la segunda parte de la Primera Guerra Mundial. Es decir, que es la consecuencia ocasionada por el pacto Sykes-Picot, ¿qué opinión tiene usted al respecto?

Desde luego que esa visión es históricamente correcta.  Siria, Irak, Palestina, Líbano formaron parte del Imperio otomano turco que, junto con Austria-Hungría y Alemania fueron derrotados por Estados Unidos, Reino Unido y Francia en la Primera Guerra Mundial, la cual está cumpliendo un siglo de haberse registrado.

El Imperio otomano fue desguazado, y los tratados de “paz” de Versalles, Sevres, Saint Germain y otros de 1919 otorgaron “mandatos” arbitrarios e ilegítimos en favor de Gran Bretaña en Palestina e Irak, y de Francia sobre Líbano y Siria.  Las complejísimas negociaciones de aquellos años no sólo redibujaron el mapa de Oriente Medio según sus conveniencias, haciendo caso omiso de las diferencias religiosas dentro del islam, y las tensiones históricas, étnicas (caso de los kurdos y armenios, por ejemplo), y culturales, sino que ayudaron a preparar el terreno para inevitables futuros conflictos de difícil resolución.

Algo análogo hicieron con el mapa de Europa Central tras el desmembramiento y fractura de Alemania y Austria-Hungría, que en esa zona garantizó una nueva y más violenta guerra que finalmente estalló en 1939.  Creer que todas estas manipulaciones geográficas, políticas, económicas, financieras y religiosas fueron mera “casualidad” o producto de inocentes “errores”, es no comprender en absoluto la centenaria insidia imperial británica, francesa y norteamericana.  Lograron efectos por ellos deseados hasta nuestros días, según dos claves de la geopolítica británica: (i) divide e impera y (ii) a río revuelto, ventaja de pícaros.

Hay quienes afirman que Daesh ha sido una milicia creada por Estados Unidos para debilitar a Rusia en la zona de Oriente Medio y los Balcanes, ¿estamos viendo alguna especie de nueva Guerra Fría?

SiriaEfectivamente es así. Occidente ha tratado de tenderle trampas a Rusia en Siria y en otras partes, para que cometa el mismo error que cometiera la ex Unión Soviética al invadir Afganistán en 1979.  Pero parece que la dirigencia y los geopolíticos rusos del siglo XXI son infinitamente más hábiles que sus contrapartes de la era soviética.  Incluso vienen demostrando mucha mayor habilidad, criterio y equilibrio de los “geopolíticos-estrella” de Occidente con Kissinger, Brzezinski y Huntington a la cabeza…

 

Destrucción de Estados nacionales

Desde finales de los años noventa se ha estado hablando de un Nuevo Orden Mundial y hasta de un nuevo imperialismo o resurgimiento imperialista financiero, ¿cuál es su opinión sobre los cambios que se están registrando en el ámbito geoeconómico?

La mejor manera de describir esto es diciendo que desde el inicio de la así llamada “globalización”, con sus amplias técnicas de guerra psicológica y su estrategia de “fuerza e hipocresía” —una suerte de bullying geopolítico— conforma en última instancia la destrucción de los Estados nacionales y el surgimiento creciente de lo que yo describo como la “privatización del poder” en detrimento principalmente del Estado nación soberano, como institución tradicional para promover el bien común de los pueblos y defender el interés nacional de las naciones. Hoy, este poder privatizado pretende imponer a toda la humanidad un mundo unipolar regido por el entorno corporativo bancario centrado en Nueva York, Londres, París, Frankfurt y Tel Aviv.

Pero al mismo tiempo ha surgido como desafío una decidida y creciente resistencia en todas partes del mundo que, en lugar de un mundo unipolar regido por el poder privado, brega por un mundo multipolar que respete las diferencias étnicas, culturales, políticas, económicas y sociales, en torno al Estado soberano como instrumento viable de los pueblos trabajadores de todo el mundo.

SiriaTras la seguidilla de fracasos y derrotas en Oriente Medio, en la Unión Europea, en las irreversibles crisis financieras y bancaria, y en la generalizada decadencia social en todo Occidente, uno esperaría que, al verse ante esta suerte de “jaque mate político”, Estados Unidos y sus aliados buscarían la manera menos dolorosa de “voltear caballerosamente” a su rey en esta complejísima partida de ajedrez.  Sin embargo, pareciera que en estos momentos se alistan para hacer otra cosa infinitamente más peligrosa que aceptar la derrota: se aprestan a patear el tablero…

Para comunicación con Adrián Ricardo Salbuchiarsalbuchi@gmail.com

www.asalbuchi.com y www.proyectosegundarepublica.com