Hacia una segura involución
Teodoro Barajas Rodríguez
Se ha escrito y hablado mucho del triunfo electoral de Donald Trump que hasta parece generar una psicosis particular; si las promesas de campaña que lanzó febril mente las cumple o intenta hacerlo, el pánico habrá de terminar por desbordarse. Platón decía que la democracia no es la mejor forma de gobierno, por algo lo expresó, aunque otro norteamericano llamado Abraham Lincoln dijo aspirar a que no pereciera sobre la faz de la tierra esa manera de gobernar.
Ganó el racismo, la xenofobia y las peores maneras que parecen brotar en la era posmoderna, la extrema derecha ha ganado espacios en Europa y América, en Estados Unidos ya el Ku Klux Klan festeja el triunfo de uno de los suyos y el fantasma de la exclusión que cabalgara por las llanuras en el siglo XIX en la guerra civil ha vuelto por sus fueros.
Pareciera que muchos votantes norteamericanos optaron por despreciar la inteligencia para elegir a un miserable que desconoce la historia de un país que mucho debe a los inmigrantes que llegaron en diferentes tiempos y por oleadas, la Estatua de la Libertad en Nueva York parece un icono muerto en la actualidad, como inertes parecen las esperanzas de un alto número de refugiados allende nuestra frontera norte.
Las ideologías hace rato que se derrumbaron, el debate de las ideas parece haberse oscurecido a grado tal que ahora ganó un patán la presidencia del país poderoso, el compás de espera se abre aunque no son buenas noticias, precisamente, lo que se aguarda.
Donald Trump va por los inmigrantes, por construir un muro y desatar una persecución aunque ello choque contra los derechos humanos y la dignidad. Fue un candidato atípico y será un mandatario sui géneris, no es un cuadro ortodoxo del Partido Republicano que le sirvió como franquicia electoral, el Partido Demócrata anuncia su decadencia. La alternancia es entre intereses más que de ideologías, el modelo económico neoliberal es una enorme nave que hace agua.
El presidente Enrique Peña Nieto, quien fungiera como anfitrión cómodo del señor Trump, dice no apostarle al pesimismo como si en México no tuviésemos problemas crecientes de inseguridad e impunidad , la corrupción empoderada como nunca entre fugitivos y gobiernos arruinados que incrementan el “mal humor social”.
El racismo hace un buen rato está de vuelta vía nacionalismos trasnochados como xenófobos, refugiados del Oriente Medio que escapan del martirio del fundamentalismo religioso y la guerra encuentran hostilidad por todas partes. Adolfo Hitler celebraría un triunfo como el de Trump, no cabe duda; los signos que se leen de nuestra realidad parecen esclarecer que vamos a una segura involución.
El Tratado de Libre Comercio se renegociará, la persecución contra los inmigrantes en Estados Unidos se habrá de acelerar, un país que se basa, fundacionalmente, en la idea de que los hombres nacen libres e iguales muestra sin pudor grandes contradicciones. Ahora es conveniente volver a leer el discurso Yo tengo un sueño que pronunciara Martin Luther King; en dicha intervención de 1963 el extinto Premio Nobel de la Paz dijo rehusar creer que estaba en quiebra el banco de la justicia.

