¿Negociación o confrontación?
Alfredo Ríos Camarena
Las teorías económicas de Milton Friedman y de Von Hayek que impusieron en el mundo Ronald Reagan y Margaret Thatcher han llegado a un punto de crisis inevitable, frente a los resultados dramáticos relacionados con la desigualdad y la pobreza.
El brexit y el triunfo de Donal Trump en Estado Unidos nos alertan, sin lugar a duda, de esta crisis que va a concluir con el descarrilamiento del sistema global; se agudizarán gravemente las circunstancias y el triunfo de la derecha nacionalista con la FN en Francia, que pudieran conducir a la desaparición de la Unión Europea y al crecimiento exponencial de políticas nacionalistas, fuertemente influenciadas por el racismo, que pueden desembocar en un neofascismo.
Las contradicciones planetarias que generan estos fenómenos implican la posibilidad de guerras y confrontaciones por lo que el tema de la seguridad y de la estrategia bélica se vuelven esenciales en las relaciones internacionales.
Por lo anterior, para Estados Unidos —más allá de la política migratoria, de los muros e incluso de la trascendencia económica de las relaciones comerciales— la seguridad continental jugará un papel definitorio, y México, en esta concepción geopolítica, tendrá un papel estratégico de gran importancia.
Para Estados Unidos, proteger su frontera frente al terrorismo y la agresión bélica tendrá que ser la más alta prioridad y será una de las fichas que el gobierno de México debe jugar en la relación bilateral.
La legalización de las drogas y su importancia en la economía real será otra ficha con la que México puede jugar en su tablero político.
Es muy probable que, pese a negarlo, el gobierno de Peña Nieto esté desarrollando una estrategia a partir del 20 de enero de 2017; sería suicida que en los círculos más cerrados de la administración pública no se esté operando un plan de pesos y contrapesos con el imperio que, entre otras cosas, tendrían que vincularse a un cambio en las percepciones electorales hacia 2018.
Peña Nieto está en tiempo y forma de plantear un esquema electoral y económico que impulse un triunfo en la elección presidencial.
Si esto no fuera así, estaríamos frente al peor de los mundos y frente a una grave debacle económica que implicaría devaluación, desempleo y falta de inversión privada.
En este dantesco panorama la única alternativa es poner de pie a la nación, fortaleciendo el mercado interno, abriendo nuestras relaciones comerciales más allá de Estados Unidos, impulsando y protegiendo la industria nacional, fortaleciendo un Estado sólido y rector auténtico del desarrollo económico —como lo establece nuestra Constitución en su artículo 25— para enfrentarnos, con todas sus consecuencias, al mayor imperio de todos los tiempos.
¿Negociación o confrontación? Esa es la alternativa del futuro inmediato.

