Un destino mejor

Alfredo Ríos Camarena

Estos días de fiestas navideñas, más allá de su carga religiosa, son propicias para reflexionar acerca del presente y del futuro, sobre la familia, la patria y el mundo en general.

En esta ruta de pensamiento, las condiciones que se avizoran están enrarecidas por la negatividad, la desesperanza y el pesimismo.

Todos los indicadores económicos como la devaluación del peso, baja del petróleo, alza de la inflación, aumento de la deuda externa, reducción del presupuesto de egresos de la federación son elementos a los que se aúna la presencia ominosa de un nuevo gobierno en Estados Unidos, aparentemente con intención de cambiar las reglas del TLC, de levantar un muro en la frontera y de agredir a nuestros migrantes, particularmente a los que carecen de documentos.

Existe una crisis política en los partidos, cada día representan menos a la sociedad y los poderes de la unión son poco reconocidos también; no se ven liderazgos sólidos hacia 2018 y existe una actitud de resentimiento de la ciudadanía contra la clase política. Los índices de inseguridad cada día son más altos y la percepción de que los ciudadanos podamos ser asaltados, secuestrados, extorsionados o agredidos irracionalmente crece también exponencialmente.

La pobreza y la desigualdad han aumentado a pesar de los programas sociales en marcha; los pobres, cada día son más pobres y, lamentablemente, los muy ricos cada día son más ricos. La distribución del ingreso cada día es más dramática.

La corrupción tampoco se ha frenado y surge como una hidra de mil cabezas, en el ejercicio público —de forma indebida— en los tres niveles de gobierno y en los tres poderes de cada uno de estos y, también, en la iniciativa privada, que no podría justificar sus enormes ingresos sin una buena cuota de corrupción, pues las grandes fortunas de México emanan de concesiones y contratos que surgen del gobierno, tanto federal como locales, en: minas, petróleo, electricidad, teléfonos, construcción de carreteras, asociaciones público privadas, expoliación de las tierras a los campesinos, explotación a los obreros con salarios que violan todos los derechos humanos.

La voluntad de los mexicanos y su ruta esperanzadora hacia una sociedad más justa es extraordinaria; los indicadores sociales manifiestan que somos una nación optimista, feliz y alegre.

Hemos tropezado con obstáculos más graves: invasiones extranjeras, guerras internas, epidemias, revoluciones, revueltas y golpes de Estado y, pese a todo, pervive en el alma nacional una inmensa capacidad de éxito, de triunfo y de esperanza.

Con Trump y sin él, con o sin TLC, a pesar de gobiernos corruptos y de la mezquina iniciativa privada, los mexicanos tenemos confianza en el futuro, porque el país cuenta con los recursos humanos y físicos para salir adelante.

Nuestros perseguidos inmigrantes son un ejemplo de esa voluntad, y cuando regresen, volverán a tener éxito en sus tareas cotidianas y en su vida personal.

México es mucho más que el desastre y la corrupción; México tiene un ancla y un destino y está vinculado a la certeza de un pueblo, que sabe que al final del camino encontraremos un destino mejor.

rios