Gasolinazo

Luis Humberto Fernández Fuentes

Hace casi ochenta años, Lázaro Cárdenas anunció una de las decisiones con mayor trascendencia en la historia de nuestro país: la expropiación petrolera. Se creó Pemex para ser la única compañía que explotara y administrara los yacimientos de petróleo de México.

Esta visión de país cambió radicalmente en 2013, cuando se aprobó la reforma energética, una de las reformas que mayor afectación ha causado al patrimonio nacional. Las promesas fueron muchas, que se revitalizaría a Pemex y la industria nacional, que bajarían los precios de los energéticos, entre muchas otras.

A más de tres años, la realidad es otra. La reforma energética fracasó. Ninguna de las promesas se cumplió. Pemex es una empresa, en términos prácticos, “quebrada”; no ha mejorado la competitividad ni del país ni de la empresa; se han declarado desiertas las licitaciones; no se ha capitalizado la industria, la han endeudado más. Los intereses políticos y la corrupción en Pemex siguen intactos, las micro, pequeñas y medianas empresas relacionadas con este sector han sido devastadas, el robo de combustibles sigue en incremento, a ello se suman los impactos catastróficos en regiones como Salamanca, Ciudad del Carmen y Poza Rica, por mencionar algunas.

Se cumplieron las profecías que la izquierda anunció hace tres años: que era una reforma constituida bajo un modelo excluyente, que dejaba fuera a la mayoría de la población y únicamente beneficiaría a las empresas extranjeras, se concentraría el ingreso y habría una transferencia de riqueza al extranjero.

Hace unos días se anunció un incremento en los precios de gasolina, diésel y electricidad, sin que obedezca a ninguna racionalidad económica, debido a que el precio del galón de gasolina a nivel internacional se ha reducido en los últimos años. Tampoco es competitivo, de acuerdo a Global Petrol Prices el precio de la gasolina en México es más alto que en países como Líbano, Túnez, Panamá, Afganistán y Paquistán, que no son productores de petróleo.

El gasolinazo y el fracaso de la reforma energética son un duro golpe para el establishment. Alterará el ánimo social y el balance en el poder, en un momento de fragilidad del Estado mexicano y desprestigio de las instituciones. Frente a esto un gobierno indolente, que esconde sus errores con una careta de optimismo absurdo, sin dirección, confundido, agobiado por la cortesanía y su incapacidad para entender el momento y el mundo, más preocupado por los pretextos que por reconocer la realidad y proponer una ruta.

Entendamos que ya estamos en la crisis, que la reforma no funcionó y no existen elementos racionales que supongan que las cosas mejorarán. ¿En qué torcido concepto de progreso se puede decir que la reforma funciona para los mexicanos?

Necesitamos reabrir el debate sobre el futuro energético de México. Si el contexto internacional cambió y no hay señales de que regrese a las condiciones iniciales de cuando se propusieron las reformas, lo único sensato es ver hacia delante y construir un diseño funcional de política energética basado en los intereses de los mexicanos.

El optimismo y la esperanza se basa en los hechos, en un camino, una ruta para salir de esta triste circunstancia, no en los errores, las mentiras y las imposturas. Sí pensemos en la globalización, pero primero pensemos en México y en los mexicanos.

Senador de la república/PRD

@LuisHFernandez