MARÍA DEL ROCÍO PINEDA GOCHI*

El fenómeno de la “fuga de cerebros” tiene una larga historia, que conforme se van desarrollando estudios e investigaciones, se da cuenta que es un fenómeno social muy complejo que tiene distintas connotaciones, y que ha ido en evolución adoptando diferentes nombres como fuga de talentos, migración altamente calificada o transferencia inversa de tecnología.

Se dice que este término fue acuñado en 1963 por la Royal Society of London para referirse a la problemática que vivían en esa época del éxodo de científicos británicos hacia los Estados Unidos de América, lo cual comprometía seriamente a la economía británica.

Las difíciles condiciones económicas después de la Segunda Guerra Mundial en Europa, la consolidación y el liderazgo del Sistema Científico estadounidense y sus políticas que favorecían la inmigración, se volvieron un polo de atracción para la élite científica y técnica europea.

Este término tuvo un gran uso por la prensa británica, y pasó a ser de uso común para describir las emigraciones de académicos y profesionales de los países en vías de desarrollo a los desarrollados. Posteriormente, para definir con mayor precisión este fenómeno, se optó por el término Migración Altamente Calificada, y evitar cualquier connotación peyorativa, al categorizar a los individuos como “cerebros” o señalar indirectamente que los profesionales se fugaban.

Lo cierto es que este tipo de migración, tiene serias implicaciones económicas y sociales. Desde el punto de vista de la inversión que realiza un país para la formación de su capital humano, el hecho de que sus académicos y profesionales se desarrollen profesionalmente fuera del país, genera una pérdida económica y un costo de oportunidad. Por el lado contrario, los países receptores, generalmente los desarrollados, aprovechan estos recursos humanos para realizar investigación, innovar y desarrollar tecnología. A este último proceso, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo lo definió como transferencia inversa de tecnología, en 1972.

Por otro lado, desde la perspectiva de la ciencia, la migración especializada ha permitido grandes avances en diversas áreas del conocimiento, en la investigación, en la innovación y en el desarrollo tecnológico.

Columna México en el Mundo

Actualmente, Estados Unidos es uno de los países que más se ha beneficiado de este tipo de flujos migratorios. Durante muchos años sus políticas migratorias permitieron la llegada de estudiantes, profesionistas, investigadores, políticos, artistas, médicos de todo el mundo, que decidieron perseguir “el sueño americano” para contribuir, con conocimiento y talento, en los grandes descubrimientos científicos y tecnológicos,  la construcción de las empresas más icónicas e innovadoras y en la principal potencia económica.

De acuerdo al Banco Mundial, en los países de la OCDE el número de inmigrantes especializados casi se duplicó en la última década, pasando de 12 a 20 millones, provenientes en su mayoría de países en desarrollo.

Dada la coyuntura ocasionada por las políticas antimigratorias del presidente norteamericano Donald Trump, es preponderante que dentro de la agenda latinoamericana se estudie a fondo la realidad, las ventajas y desventajas de esta migración, en razón de que la realidad de este fenómeno es muy heterogénea, porque en algunos casos supone una pérdida de capital humano, y en otros, el concepto de fuga de talentos pasa a denominarse flujo de talentos, para reconocer y ponderar la importancia de la movilidad económica en la globalización.

La realidad es que, la emigración calificada impacta, ya sea negativa o positivamente en el desarrollo económico y social, y en algunos casos puede limitar las posibilidades de generar conocimiento, innovación y tecnología. Es preponderante que los gobiernos latinoamericanos y caribeños identifiquemos los retos y áreas de oportunidad para capitalizar de la mejor manera nuestros recursos humanos especializados.

*SECRETARIA DE LA COMISIÓN DE RELACIONES EXTERIORES AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

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