No fueron amagos de campaña
Teodoro Barajas Rodríguez
Alguna vez el escritor español León Felipe prologó un texto reeditado de Walt Whitman, el celebrado poeta norteamericano, donde expresó “cuando el hombre sea libre, la política será una canción”. La literatura es más estética que la política y no resulta cruenta. El hombre no es libre, muchos viven en la celda de los prejuicios, así como en el más descomunal racismo, como Donald Trump.
Muchos pensaron que sus poses populistas de extrema derecha solo fueron amagos de campaña para posicionarse de cara a los votos antisistema, pero la realidad indica otro rumbo, pernicioso.
La polifonía se ha incrementado en torno a Trump, desde aquellos que brindan su respaldo a las descabelladas ideas que retratan a un ocasionado de la política que luce silvestre, hasta quienes repudian su regresión a un trasnochado proteccionismo que se opone a las prácticas y esquemas del neoliberalismo adoptado desde hace más de tres décadas como el nuevo estandarte izado por Estados Unidos e Inglaterra.
Invito a México retornar al G77 y juntos fortalezcamos CELAC. Unidos seremos la potencia que en su diversidad construya solidaridad mundial. pic.twitter.com/m0PwMCrTRY
— Evo Morales Ayma (@evoespueblo) January 31, 2017
México parece lucir indefenso ante el locuaz despropósito del mandatario de la nación aún más poderosa de la tierra; comenzó belicoso, rasposo como siempre ha sido. La obsesión por levantar el muro raya en lo patológico.
Muchas voces en el interior y exterior de nuestro país se pronuncian contra él; habría que repensar las relaciones comerciales de México con otras naciones, mirar al sur que, como dijera Mario Benedetti, también existe.
Evo Morales y Nicolás Maduro, mandatarios de Bolivia y Venezuela, se han pronunciado a favor de México. Ante la emergencia política y diplomática los diversos actores, muchos de ellos antagónicos a Enrique Peña Nieto, se han unido. Las manifestaciones para cerrar filas me hacen recordar lo que dijera el general González Negrete en la etapa convulsa de la invasión francesa en el siglo XIX, “primero patria, después partido”.
El magnate, ahora presidente, acosa a las empresas norteamericanas; chantajea, regatea para que no inviertan en México, el egoísmo en grado superlativo.
Recién el diario El País publicó un editorial en el que manifestó que es necesario alzar a voz en el concierto de las naciones iberoamericanas en defensa de México ante sus embates y bravuconadas, rijoso y carente de las más elementales formas de la diplomacia.
En este contexto parece que hubo tregua respecto a otras discusiones en la esfera pública, como el nocivo gasolinazo, se detecta en Trump a un enemigo común que no es bien visto por un alto porcentaje de estadounidenses, de hecho en el voto popular perdió ante la candidata Clinton.
El propio mandatario mexicano dijo que ante las actuales circunstancias se destinarían mayores recursos a los consulados existentes en Estados Unidos en defensa de los connacionales; agregó que no habría de su gobierno ni sumisión ni tibieza.
Vivimos una emergencia, un troglodita despacha en la Casa Blanca, un ignorante de la historia que desconoce la obra de Abraham Lincoln y que seguramente nunca se enteró de la lucha de Martin Luther King ni leyó una sola línea de aquel magnífico discurso Yo tengo un sueño.


