Brasil podría ver la caída de un segundo presidente… en menos de un año. En agosto del 2016, el senado de Brasil votó 60 contra 20 por destituir a Dilma Roussef, que hasta ese entonces era la primera mujer en el poder del gigante sudamericano. Michel Temer la sustituía en el cargo. Nueve meses después es obeso de intensas investigaciones que lo involucran en actos de corrupción, chantaje y lavado de dinero. Se suponía que él permanecería hasta las próximas elecciones del 2018, pero ahora nada asegura que pueda siquiera quedarse ese mismo año.

El presidente de Brasil, Michel Temer, desafió a sus críticos al afirmar que no está dispuesto a renunciar, aun cuando el tribunal judicial del país lo tiene bajo la lupa por acusaciones de que consintió el soborno de un posible testigo en una gran pesquisa por corrupción. Teme negó las acusaciones y por el contrario aseguró que no ha hecho otra cosa que enfocarse en sacar a la economía de Brasil del estancamiento.

“No compré el silencio de nadie”, dijo Temer, en referencia a las acusaciones en su contra. “No voy a renunciar”, agregó.

Pese a todo, el Supremo Tribunal Federal (STF) aprobó la investigación con base en testimonios protegidos y un audio que supuestamente contiene un diálogo que respalda sospechas de que conspiró para obstruir la justicia con Joesley Batista, presidente de JBS SA -la mayor empacadora mundial de carne-; aspectos que fueron revelados también por el periódico O Globo.

Tras escuchar la grabación de su conversación con Joesley Batista, Temer aseguró que no hay nada que lo implique en un caso deshonesto y menos en la compra del silencio del expresidente de la Cámara de Diputados Eduardo Cunha. El audio en cuestión dura 40 minutos, y está siendo considerado como base para las acusaciones contra Temer, después de que Edson Fachin, el magistrado responsable de la investigación por el ‘caso Lava Jato’, levantara parte del secreto de sumario.

La situación ha comenzado a despertar dudas respecto a que el Congreso pueda aprobar la agenda de austeridad propuesta por Temer y, en consecuencia, los mercados financieros brasileños han comenzado a verse afectados; en los últimos días han cerrado a la baja.

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