Detestaba la palabra “evasión” aplicada a la ficción. Podría haber argumentado, y no solo por llevar la contraria, que la evasión era la vida real. Alice Munro
Sorprende darse cuenta de la realidad cotidiana que todos vivimos y a la que estamos expuestos todos los días, y la que percibimos y sufrimos a cada instante. Es decir que estamos inmersos en esa realidad lacerante y amenazante y por ello nuestros sentidos se encuentran al tanto de lo que pasa y puede suceder. Parece algo sencillo y lógico. Algo común y corriente, pero no lo es. En el caso de los ciudadanos en general, muchos se encuentran distraídos por el ruido permanente al que se encuentran sometidos.
Ruido en todo, los medios de comunicación, la vida política, la social, económica, cultural. Tecnología, cambios en el mundo. Y sin embargo en mayor o menor medida nos damos cuenta de lo que sucede en nuestro entorno, quizás algunos se evadan de la realidad para tratar inconscientemente de sufrir un poco menos o aparentar que no pasa nada.
En esto se puede o no estar de acuerdo con quienes se evaden. A quienes no les podemos permitir este tipo de conductas es a los servidores públicos, a las autoridades, que tienen como obligación y responsabilidad servir a los ciudadanos y a su comunidad. Pero lo más lamentable es que muchos de estos actúan como si nada sucediera.
De pronto observamos en los medios de comunicación que se anuncian graves problemas económicos, políticos y sociales, como si fueran los grandes descubrimientos y lo más grave de esos casos es que las autoridades que tenían la responsabilidad de conocerlos y resolverlos aparenten ser los más sorprendidos.

No podemos creer en estas patrañas y mucho menos dejar que pasen como si nada sucediera. En la Ciudad de México se anuncia el abatimiento de presuntos líderes de carteles delincuenciales y el jefe de gobierno inmediatamente sale a contradecir la versión y decir que no existen tales células delincuenciales, y minimiza el caso diciendo que se trata de narcomenudeo. Retomo esta caso porque es uno de los mas recientes y que reflejan esto que escribo.
Mas allá de minimizar o contradecir las versiones, porque desafortunadamente esto lo hace la mayoría de los responsables de la cosa publica, con el afán de cuidar su imagen y la opinión favorable hacia ellos; se trata de que renuncian a la obligación primordial de responsabilizarse de su función y tareas como representantes de todos.
No es posible que siendo encargados de la policía y la investigación en la ciudad no se hayan percatado de la operación delincuencial en Tláhuac; sin duda, tampoco creemos que el delegado o el gobierno federal no lo supieran, los delincuentes llevan años operando en esas y otras zonas. Así pasa con los Duartes, Borges y tantos casos de corrupción e inseguridad. Los que deben ser responsables, prefieren aplicar el viejo dicho “Ojos que no ven…”
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