El Inventario de JEP/I-III
La figura de José Emilio Pacheco (30 de junio de 1939-26 de enero de 2014) representa al intelectual más ávido, disciplinado; apasionado por el saber y, también, la indagación de los detalles, que para la generalidad de los lectores se integran más a la forma que a los contenidos. Fue integrante de una generación de hombres de letras totales, que abarcaron diversos géneros literarios; los más célebres son Carlos Fuentes, Carlos Monsiváis, Sergio Pitol y habrá que agregar a Hugo Hiriart (1942) —un clásico genuino vivo todavía—. Tan prodigioso en su erudición y escritura tan contundente, siempre aleccionadora como es la obra de Pacheco , quien pertenece a una generación —la del Medio Siglo— que surgió en un momento de transformaciones sociales —tan profundas como sus contradicciones— del México posrevolucionario que alcanzó su auge en los años sesenta y, antes del fin de esa década, devendría en una crisis del Estado mexicano que explotó, circunstancialmente, en octubre de 1968.
Las revistas y los suplementos culturales concentraron filiaciones ideológicas —en algunos casos abiertamente políticas—, tendencias estéticas, complicidades intelectuales y personales; también pertenecen a este grupo marcado por el eclecticismo y enriquecido por el cosmopolitismo, heredado, a su vez, por el grupo de los Contemporáneos y de Octavio Paz quien se vinculó directamente con Xavier Villaurrutia, Jorge Cuesta, Jaime Torres Bodet, José Gorostiza, Salvador Novo, Bernardo Ortiz de Montellano, Gilberto Owen, Carlos Pellicer, Manuel Rodríguez Lozano y su gran promotora Antonieta Rivas Mercado.
Generación que transformó nuestras letras
Un eslabón inmediato de la generación de José Emilio Pacheco que, en conjunto, transformó la literatura mexicana, fueron las obras de Yáñez, Rulfo y de José Revueltas que anuncia en Los muros de agua (1941), El luto humano (1943); obras como Al filo del agua (1947), cuyo monólogo interior —“flujo de la conciencia”— avista la novela Pedro Páramo (1955).
Una figura icónica de las letra mexicanas es Juan José Arreola, que entre sus aportaciones más relevantes está su labor como editor de plaquettes —también llamados cuadernos—: Los Presentes, iniciados en 1950; fue un hito en nuestras letras al promover obras de los escritores jóvenes, que abarcaron un centenar de títulos a lo largo de su primera y segunda series.
José Emilio Pacheco señala en un episodio fragmentario de la historia cotidiana de nuestra literatura, al mismo tiempo autobiográfico, su labor en el trabajo escritural de Arreola: “ ’Fue amanuense de Arreola’ dice la nota con la que Christopher Domínguez Michael me presenta en la Antología de la narrativa mexicana del siglo XX […] Todo se resume en una frase: Bestiario [publicado en 1963 con prólogo de Pacheco y grabados de Héctor Xavier], obra maestra de la prosa mexicana y española; no es un libro escrito, su autor lo dictó en una semana. Otros hubiéramos necesitado de muchos borradores para intentar aproximarse a lo que en Arreola era tan natural como el habla o la respiración. […] Nunca pensé en conocer a Arreola […] En 1956 lo vi: en el Teatro del Caballito, dentro de los programas de Poesía en Voz Alta, representó el papel de Rapaccini en la obra de Octavio Paz dirigida por Héctor”.
Y usted, ¿qué fue en la vida?
Pacheco anota en esa evocación que a instancias de Carlos Monsiváis le entregó La sangre de la medusa; aunque el novel escritor le pidió al autor jalisciense que le permitiera revisar los textos, antes de publicarlos, Arreola respondió enfático “No hay nada que corregir. Están perfectos”. Se publicaron en el número de la colección Cuadernos del Unicornio, junto a los Sonetos de lo diario de Fernando del Paso. “Gracias a esos días finales de 1958 —anota Pacheco al final de ese recuerdo crucial en existencia y trayectoria como escritor— siento que mi paso por la tierra quedó justificado. Cuando entre en el infierno y los demonios me pregunten: —Y usted, ¿qué fue en la vida?, podré responderles con orgullo: —Amanuense de Arreola”.
José Emilio Pacheco, como muy pocos escritores de su estatura, asumió con humildad, rigor, entrega y humildad su
trabajo escritural —contenido en una obra que abarca dieciséis títulos de poesía (la cual fue reunida en Tarde o temprano. Poemas 1958-2009, por el Fondo de Cultura); dos novelas: Morirás lejos (1967) y una obra que representa un genuino best seller, Las batallas en el desierto (1981), que más allá de su aparente sencillez, alterna el imaginario de un niño —desde la sorpresa hasta la inocencia quebrantada por el dolor de la búsqueda de una pasión, como todas, sin asideros—, con la conciencia que pondera los hechos con gravedad en un narrador, digamos implícito, con la propia voz del niño. Traductor de T. S. Eliot, Beckett, Schwob, Wilde, Tennessee Williams, Pacheco es autor de Viento distante (1963), El principio del placer (1972), y La sangre de la medusa y otros cuentos marginales (1990, relatos reunidos entre 1956 y 1984).
Sus textos periodísticos
El acontecimiento editorial más relevante en 2017, casi sin riesgo de la equivocación, es la publicación de una selección de los textos periodísticos de José Emilio Pacheco. En tres volúmenes, Ediciones Era ha recuperados la tercera parte de las seis mil cuartillas publicadas a lo largo de cuarenta años; la primera data del 5 de agosto de 1973; la última —segunda parte de un texto dedicado a Juan Gelman— la concluyó el 24 de enero de 2014, instantes después fue a dormir. Sus ojos no volverían a ver la luz y la sombras de la existencia. Dejó de respirar el domingo 26 de enero, cerca del crepúsculo, minutos después de las seis de la tarde en el Hospital de Nutrición.
La primera época del Inventario se publicó en Diorama de la Cultura de Excélsior (1973-1976); la columna, rubricada por las iniciales JEP, se publicó desde el primer número del semanario Proceso, el 6 de noviembre de 1976, hasta que la vida del escritor se interrumpió.
La selección de los textos en la edición de Era, en tres volúmenes, abarca la tercera parte de la totalidad de los textos de los cuales se abundará en los próximos envíos de esta columna.
José Emilio Pacheco, Inventario. Antología. I: 1973-1983. Selección de Héctor Manjarrez, Eduardo Antonio Parra, José Ramón Ruisánchez y Paloma Villegas. Ediciones Era, 2017, 726 pp.

